La incógnita acerca de si el repentino y alto ritmo de negocios impuesto el martes podría sostenerse nuevamente, fue contestada con una réplica casi exacta de lo previo. El cambio fundamental atravesó por la composición de las órdenes, que tuvieron dos planos definidos y dominando alternativamente el mercado cada una de ellas. En lo que resultó un nuevo camino a las alturas, el Merval quebró cómodamente una nueva frontera y se alejó con aires triunfales hasta los 2.127 puntos de cota máxima y habiendo partido de los 2.100. Pero, en el exterior la cuestión no venía tan diáfana y el saldo final del Bovespa -con caída de 1,7%- como la nuevamente dudosa marcha del Dow, quedando casi neutro, no oficiaban de buenos estímulos. El recinto porteño volvía a crear aumentos importantes, en soledad, propio de su ambiente local. Y esto terminó por ir variando, con el surgir de una oferta cada vez más robusta y a la que no se le pudo colocar asimilación suficiente para retener el terreno ganado. A tal punto que al cerrar la tarde, el Merval terminaba en la neutralidad y hasta con tónica a la baja si se proseguía.
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Los totales generales de la Bolsa mermaron desde los 706 millones de pesos de efectivo, hasta los $ 632 millones. Pero el segmento accionario mantuvo su porción anterior y esto, entonces, le otorgó más franja de mercado. Ayer, superando 16% de la torta y con más de $ 104 millones de efectivo. Otro esfuerzo notable, aunque solamente para poder sostener una meseta. Sin desmerecer la zona ascendente, su nueva marca, que fija otro escalón a conseguir, y el hecho de haberse hecho notar tanto el sector accionario, después de un enero tan opaco. Lo que sigue repite incertidumbres acerca de si podrá sostener el ritmo. O si éste decae, pero por parte de cuál de las fuerzas del mercado: y es lo que decidirá el resultado de hoy. Al menos, interesante. Y la Bolsa, agradecida.
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