No se encalmaron las aguas turbulentas, tampoco se encresparon demasiado -dadas las circunstancias y la réplica al primer movimiento, ya con cartas a la vista- por lo que cabe calificar esta segunda rueda de deslizamiento como «aceptable». Con menos de 2% de caída, se le hizo precio al Merval y después de estar bastante por debajo del cierre efectivo de 674 puntos. Se tocó un mínimo en 661, remontándose esa marca en la lucha cuerpo a cuerpo -pantalla a pantalla- y existió así una reacción dentro del estado de extrema debilidad. Respondiendo y reflejando el contexto político, no más que eso, es lo que se podía aguardar de un mercado de riesgo que no tiene espaldas para soportar malas ondas y ya provenía de un mes y medio de andar errático. No gusta, pero es lógico, los valores deben expresar las enormes inquietudes que se han instalado súbitamente.
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Hubo que drenar bastantes órdenes de oferta, del total del día fueron algo menos de $ 15 millones a CEDEAR y unos $ 39 millones derivaron hacia acciones: esto excede el promedio de ruedas normales, por bastante, la señal de lo nervioso que está el mercado frente a los hechos. El decaer Merval, siempre con el riesgo de trasvasar límites para reponer garantías en cauciones, es una espada que se mece de persistir la caída. O bien, que la corriente vendedora se adapte a la demanda de estos días y permita -al menos- hacer pie en una meseta. Los bancos fueron blanco preferido; Tenaris, una excepción. Duro.
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