Más turrones y chocolates

Economía

Paulista, la tradicional empresa de chocolates, incrementará 20% su facturación este año en relación con 2004. «Todo es aumento de volumen, porque no hemos tocado los precios», dice Juan José Magliola, presidente de la compañía cuya conducción comparte con su hermana Liliana. Los Magliola adquirieron la compañía en 1983 a los Alves de Lima, los empresarios brasileños (paulistas, además) que la habían fundado hace 100 años. Para entonces, la empresa había dejado de ser un paradigma en cadenas de cafeterías -un modelo que casi cuatro décadas después fue «aggiornado» por nombres como Martínez, Aroma, The Coffee Store, Havanna o Bonafide- y estaba centrada en la producción de chocolates y golosinas.

«Biznikke es sin dudas nuestra locomotora; por eso lanzamos nuevos formatos (un bloquecito de 18 gramos) y estamos preparando una nueva línea de productos con esa marca»,
dice Magliola. Para eso debieron importar nuevas máquinas y líneas de producción, a un costo superior a los u$s 100.000. «También estamos exportando a países limítrofes, pero es complicado porque el chocolate es un 'commodity' y los brasileños tienen costos laborales muy inferiores a los nuestros», admite el empresario. «De todos modos, estamos trabajando esos mercados porque son una fuente de ingresos muy interesante.»

Magliola dice que el sector tiene dos grandes temporadas: «La estival, que comprende las fiestas de fin de año -en las que vendemos turrones- y Semana Santa -en la que vendemos huevos de Pascua-, es una muy fuerte; la otra es de abril a noviembre, en la que se venden chocolates».

• Negocio complicado

Según revela, ambas temporadas son parejas en lo que hace a facturación, pero «la venta de turrones es un negocio muy complicado». Explica que los supermercados toman esa mercadería en consignación; lo que no se vende se devuelve. Según estadísticas del sector que maneja el empresario, «esa devolución ronda 6% de la producción total, aún en los mejores años». Los huevos de Pascua, en cambio, son un producto que se vende. «El líder es Arcor, seguido de Cadbury y de Georgalos; nosotros venimos inmediatamente después», dice.

En algún momento de la crisis utilizaron su marca
«Manikke» en un segmento poco explotado por sus competidores: el de los «buscas». «Era un negocio muy interesante; vendíamos tabletas de chocolate con maní y maní con chocolate a mayoristas en los que se abastecían los vendedores ambulantes. Pero con la recuperación de las primeras marcas, esas ventas se desplomaron. El argentino es muy 'marquero', y en cuanto pudo volver a comprar golosinas en el quiosco o en el súper, dejó de hacerlo en los trenes o colectivos», relata Magliola. «También dejó de ser negocio fabricar 'marca propia' para las grandes cadenas minoristas, por la misma razón: en cuanto pudo, el público retornó a las marcas líderes.»

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