Uno de los más viejos adagios de Wall Street sostiene: «sell in may, and then go away» (vende en mayo y luego vete). A medida que el tiempo comienza a mejorar, parece que históricamente la tendencia de los precios de las acciones ha sido retroceder, al menos hasta el mes de octubre cuando se reinicia el ciclo alcista. Si bien la relación entre los períodos en los cuales convino hacerle caso al adagio y los que no es de dos a uno, lo cierto es que alguien que hubiera entrado todos los años al mercado el 1 de mayo con u$s 1.000 y se retirara el último día de octubre desde la mitad del siglo pasado, habría incurrido en una pérdida de poco menos de u$s 10.
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En cambio, el que hubiera entrado todos los primeros de setiembre saliéndose el último día de abril, hubiera ganado más de u$s 45.000. Más que como estrategia de inversión, este tipo de fenómenos sirve a quienes comentamos el comportamiento del mercado como punto de comparación. Es así que la suba que tuvo el Dow el viernes, cuando ganó 1,52% para cerrar en 8.582,68 puntos luce entonces mucho más significativa que lo que marcan los fríos números.
De hecho ni los balances que se difundieron el viernes ni los dos datos sobre la macroeconomía que se dieron a conocer fueron demasiado descollantes, al contrario. Sin embargo, quedó la sensación que de a poco, los inversores están volviendo al redil (se realizaron operaciones con más de 1.500 millones de papeles en el NYSE y 1.800 en el NASDAQ) y que al hacerlo se están concentrando más en la parte «medio llena del vaso» que en la medio vacía. Crease o no, el optimismo ha estado volviendo al mercado.
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