Mejor sería pagar los BODEN
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Periodista: ¿Habrá más consumo después de este aumento salarial y de las jubilaciones?
Daniel Artana: Vamos a suponer que se aplique y que no haya inflación. Para los jubilados significará disponer de 500 millones de pesos más por año para gastar y, suponiendo que todo el sector privado cumpla con el aumento de 50 pesos, serán otros 2.000 millones. Pero los que pagan estos aumentos van a consumir menos y pagar menos impuestos, por lo tanto, se puede estimar que sólo entre 20% y 30% de esa masa de dinero efectivamente irá a consumo, y esto indica que el consumo va a aumentar apenas 0,1%, una cifra irrelevante.
P.: La medida -según este análisis- no trae beneficios. ¿Genera problemas?
D.A.: Muchos. En primer lugar, afecta a todas las negociaciones salariales que se estaban llevando a cabo en el sector privado. Quedarán interrumpidas porque ningún empresario va a querer avanzar después de esta intromisión del Estado.
P.: ¿Respecto de los jubilados?
D.A.: Ahí deja una señal muy mala. Es la tercera vez que se les aumenta a los jubilados que ganan la mínima y se mantienen inmovilizadas las otras jubilaciones. Dentro de los que ganan la mínima están los que hicieron aportes en forma irregular o no aportaron nunca. Entonces, los que cumplieron tienen sus jubilaciones congeladas y los incumplidores reciben aumento.
P.: ¿Puede ser inflacionario este aumento?
D.A.: No lo creo, el Banco Central va a tener que manejar con cuidado la política monetaria. Hasta ahora, todo lo que emite va a actividad económica y debería seguir así.
D.A.: Mire, cuando a uno le va bien, tiene que aprovechar para solucionar los problemas futuros. Creo que el gobierno debería haber asegurado el pago de los vencimientos de BODEN, que son muy importantes en 2005 y 2006, porque no sé cómo los va a pagar cuando llegue el momento. Si hubieran bajado esa deuda, habrían dado una señal clara al mercado, mejorarían las expectativas. Si no, ese dinero habría que haberlo destinado a bajar impuestos para alentar inversiones, como quería Lavagna. El gobierno siempre criticó al FMI por su política procíclica: ajustes cuando hay recesión. Ellos también son procíclicos: más gasto cuando hay superávit.



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