Mentiras verdaderas

Economía

Las mentiras cotidianas, o verdades a medias, existen en la mayoría de los vínculos humanos, sean éstos familiares, laborales, de amistad o de pareja; pero en la Argentina, especialmente, se concentran en gran grado en las relaciones políticas y en el discurso de los dirigentes.

Una diferencia sustancial entre las mentiras absolutas y las llamadas «mentiras verdaderas» (verdades a medias) es que aquéllas pueden ser fuertemente combatidas atento al carácter absoluto de la falsedad, mientras que las segundas generan una peligrosa presunción de verdad que confunde a quienes reciben el mensaje.

La primera causa de la mentira es el miedo. Se mien-te para conservar lo que se ha conseguido -una posición o relación de poder, privilegios, un patrimonio, prestigio, seguridad- y, a su vez, quien miente vive en la permanente angustia de ser descubierto y ese temor lo lleva a mentir nuevamente, lo cual crea un círculo vicioso. Y este círculo vicioso lleva al nocivo hábito de mentir, construyendo, desde esa conducta, una trama cerrada y sólida de mentiras que van generando nuevas mentiras; y así sucesivamente hasta que en el destinatario del discurso (el pueblo) exista tal confusión que no pueda, a ciencia cierta, diferenciarse la mentira verdadera de la verdad en sí misma, como tampoco de la mentira absoluta.

La lista de «mentiras verdaderas» más recientes emanadas del poder es inagotable; a mero título de ejemplo recordaremos algunas pocas:

• «Me avergüenza ver que quienes conocen el hecho de que la Argentina necesita desesperadamente integrarse al mundo, hacen lo imposible para impedirlo» (Duhalde). Lo que no se dice es que los que arrojaron a la Argentina fuera del mundo fueron -además del ex presidente Rodríguez Saá- el mismo presidente Duhalde, todo su gabinete y los legisladores a través del dictado de las leyes 25.561, 25.563 y decretos de necesidad y urgencia 214/2002, 410/ 2002, 320/2002 y no menos de 60 normas correctivas y complementarias de la Ley 25.561, y de la «pesificación asimétrica» que violaron derechos y garantías amparados en la Constitución nacional, destruyeron la seguridad jurídica, emitieron descontroladamente bonos sustitutivos de la moneda así como dinero y generaron la crisis más profunda que la República ha vivido desde su inicio. ¿Autocrítica para otros?

• «La crisis es imparable sin la ayuda del FMI» (A. Fernández). Lo que no se explica es por qué, entonces, el mismo gobierno se ha resistido sistemáticamente a hacer lo necesario para recibir la ayuda del FMI, hasta tal punto que se necesitó que el mismo Presidente viaje al exterior para ver con sus propios ojos que el mundo no deseaba conversar con la Argentina hasta tanto no se acordara de algún modo con el organismo internacional, para cambiar de opinión. Tampoco se explica por qué, durante este tiempo se ha hecho todo lo contrario de lo aconsejado por el Fondo y no se ha bajado el gasto público, se ha dilatado injustificadamente el cumplimiento de los 14 puntos, se sigue emitiendo moneda espuria (bonos provinciales y LECOP), no se ha encarado una solución para el «corralito» y se han superado la pauta y el límite de emisión de «pesos» autorizados en el Presupuesto nacional.

• «Antes de aceptar el pago de la deuda externa o las condiciones que impone el FMI debemos analizar la deuda externa que nos dejó la dictadura» (M. Cafiero). Lo que no se dice es que al final del gobierno militar la deuda externa era de u$s 45.000 millones, al final del gobierno de Alfonsín era de u$s 65.300 millones, al finalizar el primer gobierno de Menem era de u$s 85.656 millones, al terminar el segundo período de Menem era de u$s 146.619 millones, al finalizar el gobierno trunco de De la Rúa era de u$s 147.657 millones, y si el FMI nos da la ayuda prometida (9.000 + 25.000), la deuda externa será, con Duhalde, de u$s 176.000 millones. ¿No es un poco tarde y fuera de contexto hablar de herencias de la dictadura militar en este campo?

• «Los inversores necesitan seguridad jurídica» (Remes Lenicov). Lo que no se dice es que la seguridad jurídica fue destrozada por este mismo gobierno que dispuso una devaluación sin plan económico alguno y que rompió los contratos entre particulares, la convertibilidad, todas las relaciones de cambio, violó la ley de intangibilidad de los depósitos, confiscó tenencias de las AFJP y pretende que el Estado pague con papeles pintados deudas que el gobierno le hizo asumir voluntariamente con los ahorristas, cuando dicho Estado no era parte en el contrato entre aquéllos y los bancos; y que el ministro fue un protagonista principal de tales hechos.

• «La devaluación la hizo el mercado» (De Mendiguren). Lo que no se dice es que al momento de asumir Duhalde, las encuestas revelaban que 72% de la población no quería ni deseaba la devaluación ni la salida de la convertibilidad. El mercado, por otra parte, tampoco la quería, hasta tal punto que las consecuencias de la devaluación dispuesta irresponsablemente por el gobierno importaron el cierre de más de 140.000 comercios, la suba de más de 100% de los precios de los productos de la canasta básica familiar, una inflación de más de 60% en sólo cuatro meses, la pérdida de consumo de más de 40%, el alza de la desocupación a niveles superiores a 30%, y que la recaudación fiscal bajó en más de 80%. Finalmente, el mercado quedó «destrozado» por la devaluación. Los índices de disminución de la actividad económica así lo indican. De hecho, el mercado no firmó las leyes ni los decretos que dispusieron tal devaluación; por el contrario, se pronunció repudiando la medida, y hoy no sabe ya qué hacer para paliar las consecuencias de la decisión tomada por el gobierno.

• «Debemos proteger el sistema financiero porque no hay país que pueda funcionar sin bancos» (M. Blejer). Lo que no se dice es que tampoco habrá bancos si no hay «ahorristas», ya que el capital que los bancos prestan tiene su origen en la captación de depósitos, y que el sistema de «encaje fraccionado», que multiplica la capacidad de crédito, nace en cada peso que el ahorrista deposita en el sistema bancario. Si se defrauda al ahorrista, de nada servirá defender a los bancos, pues el sistema financiero igual caerá, ya que nadie colocará un solo peso en él.

• «Solo y sin respaldo es muy difícil sacar al país de esta crisis» (Duhalde). Lo que no se dice es que también es muy difícil intentar salir de ella bajo la conducción y con el respaldo de quienes llevaron al país a esta crisis y que son quienes hoy cogobiernan desde el Senado, la Cámara de Diputados y desde las gobernaciones de la mayoría de las provincias junto al presidente Duhalde. Por ello las encuestas marcan que la población masivamente desea elecciones anticipadas para el recambio total de la dirigencia política. Es el Presidente, con la mayoría de los gobernadores y los legisladores, quien se resiste a ello, agravando aún más la crisis.

De todos modos, y más allá de lo que el gobierno haga, o deje de hacer, no habrá posibilidad cierta de reconstrucción de este país devastado si no se destierra de nuestra sociedad, para siempre, el tradicional hábito de mentir bajo el sistema engañoso de la utilización de «mentiras verdaderas» como método de confusión de la gente. Muy especialmente desde el poder.

(*) Especialista en crisis y coautor de la Ley 24.522 de Quiebras.

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