Mercado de capitales: entre el temor al default y la crisis económica
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Wall Street: el S&P 500 y el Nasdaq cayeron afectados por la suba en las tasas de los bonos estadounidenses
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Los bonos volvieron a caer y el riesgo país trepó a 637 puntos, máximo de casi cuatro meses
Con un aceptación por parte de los bonistas que rondó el 20% en relación a la propuesta que propuso el Gobierno para no caer en default, el mercado de capitales argentino se encuentra en un punto clave para decidir si va a continuar por un camino de contracción de los flujos de inversión o si, por el contrario, se evita el default, permitiendo generar un shock positivo y ganar tiempo pero esperando una mejora en las variables macroeconómicas.
Con una caída acumulada de -30% en dólares del Índice S&P Merval y una baja del -47% de la capitalización de empresas domésticas medida en dólares en lo que va del año, los papeles argentinos operan fuertemente condicionados por la coyuntura de riesgo mundial y la volatilidad local.
En tiempos de posible default, cepo y restricción externa la confianza de los inversores se deteriora y eso contrae el flujo de fondos hacia los mercados financieros. Hay algunos indicadores que permiten medir la fortaleza del mercado de capitales y la profundidad de la misma. La capitalización bursátil de las empresas domésticas que operan en la Bolsa local-es decir, el valor total de mercado de esas compañías- según datos del IAMC en marzo 2020 representó el 5,9% del PBI mostrando una caída de -36% en términos nominales en relación al mismo mes del año anterior (ver gráfico). Los niveles de capitalización se ubican próximos a los obtenidos en 2012. Si se compara con otros países latinoamericanos, por ejemplo Chile, tiene una capitalización bursátil del 84% del PBI, Brasil del 50%, Perú del 42%, lo que da cuenta del poco avance que tuvo el país en materia financiera.
¿Qué simboliza esto en relación al posible default y la crisis del coronavirus? A la ya salida de capitales de los mercados emergentes producto de la crisis internacional, se le suma la mala percepción y expectativa futura de los inversores y del sector empresarial en relación a la economía argentina. Por eso en plena reestructuración de la deuda y recesión económica, el monto de financiamiento de las pymes en la Bolsa que en 2015 era de u$s860 millones fue de apenas u$s92 millones en 2019. A marzo de 2020, la contracción interanual del financiamiento pyme era del -62%. En las grandes empresas el número pasa de u$s8.802 millones a u$s3.449 millones respectivamente. Por otra parte, la cantidad de empresas listadas en el panel general en 2020 tuvo un baja interanual de -7 compañías.
Esto impacta en la posibilidad de que los mercados financien proyectos a largo plazo a una tasa razonable, sumado a que el crédito bancario no es suficiente. En momentos donde hay parálisis en la producción y freno de ventas también se dificulta el pago de la deuda corporativa como fue el caso de la empresa de artículos para el hogar Longive, que no pudo cancelar intereses de sus Obligaciones Negociables. A este caso se le suman las situaciones de Grimoldi y Ribeiro.
Ante la incertidumbre política, el déficit fiscal y el temor por una espiral inflacionaria, el futuro depara más dudas que certezas. La Argentina registrará una recesión del 5,7% y una tasa de desempleo del 10,9% este año, según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). La ya golpeada economía argentina se enfrenta a un contexto al adverso en el cual es muy probable que este año la economía mundial experimentare su peor recesión desde el Gran Depresión. Se calcula que la “exit yield” (tasa de salida) de los nuevos bonos, es decir el costo que tendría el país para volver a financiarse en los mercados, que está relacionada con las variables macroeconómicas, podría estar próxima como mínimo al 12%. Cuánto más alto sea ese costo de financiamiento (más elevado el riesgo) y menor va a ser el valor de mercado de los bonos.
El dato positivo es el aumento en el volumen negociado diario en la Bolsa en el mes de abril con especial atención en los Cedears que marcaron un record histórico de $11.756 millones, un 50% más que en marzo. También hubo aumentos en las cauciones, pases y futuros. Esto habla del apetito inversor argentino y de la necesidad de encontrar nuevas opciones de financiamiento de agentes particulares para combatir la inflación y tener rendimientos reales positivos en un contexto de baja en las tasas de interés.
La situación económica es adversa, no solo para el Gobierno sino también en las industrias y la sociedad en sí. Para los inversores, es necesario resaltar la importancia de hacer rendir los ahorros, re-posicionarse y encontrar nuevos instrumentos de inversión.
En cuanto a las empresas, es una oportunidad para reinventarse, mejorar procesos internos y proponer nuevas ideas de productos en el cual se pueda agregar valor. A nivel político se requiere prudencia y un plan riguroso e integral.






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