El sueño del auto 100% Mercosur y la "pasión" por Toyota

Economía

El exministro pensaba que era la única marca que calificaba para convivir con un vehículo regional.

No sólo el presidete Alberto Fernández es un fanático de Toyota, como quedó confirmado ayer durante su visita a la planta en Zárate al destacar que es fiel usuario de la marca. El kirchnerismo, en general, muestra una pasión con esta automotriz que se remonta a la gestión anterior. Ayer, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof – también participante de ese acto – recordó la relación que mantuvo con la empresa mientras fue ministro de Economía entre 2014 y 2015. En su discurso de no escatimó elogios para la compañía japonesa que, por contraste, fue una forma sutil de diferenciarla del resto. Remarcó que es la terminal con mayor contenido nacional de piezas (alrededor de 40%) pero que en valor llega al 70%. No es la primera vez que lo hace. Las palabras del mandatario provincial no fueron inocentes, hay que ponerlas en contexto.

Hace dos años, Ámbito entrevistó a Kicillof para analizar la situación de la industria automotriz local. En una larga charla reveló el proyecto que tenía el gobierno de Cristina de Kirchner de producir un auto 100% Mercosur. Dio detalles: “Hay espacio para hacer una empresa automotriz binacional con Brasil con participación de los Estados para la producción de modelos chicos que abastezcan a los dos países porque hay un mercado muy grande” dijo Axel Kicillof en un tramo de aquella entrevista. Incluso, precisó que la iniciativa le había sido presentada a la entonces presidenta Dilma Rousseff.

En aquel momento, Brasil era un mercado de 4 millones de unidades y la Argentina se encaminaba al millón, lo que totalizaban 5 millones, una escala interesante. La idea era una compañía mixta, con alguna participación privada, para fabricar un vehículo chico o mediano con alta o total integración de autopartes regionales. El objetivo era producir no menos de un millón de unidades de este modelo para competir con las multinacionales. Ese era el punto: las multinacionales. El exministró explicó a este diario el proceso que realizan estas compañías con las autopartes y los precios de transferencia. El 70% de las piezas de un auto nacional son importadas. El funcionario especuló que, en gran número, los proveedores de esas piezas son empresas pertenecientes a las mismas multinacionales o vinculadas a ellas. El valor de cada componente – detalló - viene determinado desde el exterior y hace al precio final del vehículo. “Nadie sabe cuánto valen, en realidad, esas piezas. Es un precio que fijan las multinacionales” señaló.

Kicillof expresó sus reparos por la realidad de esos valores. En ese diálogo, que se extendió más allá de la duración de la entrevista, el actual gobernador puntualizó que las automotrices locales eran ensambladoras de piezas importadas y provistas por ellas mismas, por lo que su presencia en el país no era determinante para la economía ya que es un sector deficitario. De ahí, la idea del auto 100% Mercosur. En esa generalización, hizo una salvedad: Toyota. Aclaró que la marca japonesa era diferente. Su mayor contenido de componentes locales y la especialización en la producción de un único modelo como la pickup Hilux (el SUV SW4 es un derivado de la misma) la convierten en una compañía “nacional”. Es el principal fabricante y el mayor exportador del sector. Con esto, daba a entender que, en ese escenario de un auto del Mercosur, la automotriz japonesa había hecho méritos para convivir sanamente. Ayer, el presidente y el Gobernador, cada uno por distinto motivo, volvieron a mostrar ese idilio con la compañía. ¿Eso significa que se podría reflotar la idea de un vehículo regional? La realidad cambió: del otro lado, ahora, está Jair Bolsonaro.

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