22 de diciembre 2005 - 00:00

Monopolio "Clarín" ahora en los manuales para escolares

Los editores de libros reunidos en la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) protestaron contra la decisión del gobierno de la provincia de Buenos Aires de imprimir más de 3,6 millones de manuales y libros de texto de Matemáticas, Lengua, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales, para ser repartidos entre los alumnos del sistema escolar de ese territorio.

Este hecho, que obviamente constituye un atentado no sólo a la libertad de opinión y a la pluralidad, es otro más de los numerosos beneficios que obtiene del Estado el monopolio «Clarín»: sucede que esos libros serán impresos en AGR (Artes Gráficas Rioplatenses) y editados a través de la editorial Tinta Fresca. Ambas empresas son controladas del monopolio.

El negocio no es menor: el monto que pagará el Estado provincial al monopolio «Clarín» por esos textos ronda los $ 23 millones, pero además tiene el efecto de ahogar a la competencia, que se verá privada de competir por ese mercado.

La protesta contra este «negocio» es encabezada por una de las dos cámaras en que se divide la industria del libro en la Argentina. En este caso es la CAP, que reúne a las editoriales más importantes del mercado argentino tanto de literatura y ensayo (Sudamericana, Planeta, Tusquets,Alfaguara, Paidós, Atlántida) como de textos escolares ( Kapeluzs, Estrada, Aiké, Santillana) y que en mayo se enteró de que «algo» estaba gestándose en el Ministerio de Educación bonaerense.

«Supimos que el gobierno provincial había desarrollado contenidos para cuatro libros de texto destinados a los tres últimos años de EGB
(último del primario y dos primeros del antiguo secundario) basados en trabajos que se habían hecho cuando Carlos Ruckauf era gobernador», dice Pablo Avelluto, director de Sudamericana y vicepresidente de la CAP. «Protestamos porque una de las tareas de nuestra entidad -además de combatir la falsificación, las fotocopias, etc.- es tratar de que el Estado no imprima libros. Es una competencia desleal porque las editoriales tenemos que convencer a los maestros de que usen nuestros libros, y el gobierno da una orden y los maestros deben obedecerla», agrega Avelluto.

• Encargo

Según fuentes del mercado, el gobierno bonaerense le habría «encargado» a Tinta Fresca (la editorial del monopolio) que editara y convirtiera en material publicable los textos elaborados en tiempos de Ruckauf. De hecho, cuentan las malas lenguas que las pruebas de imprenta de aquel tiempo contenían la foto del entonces gobernador (algo similar a lo que hizo con las zapatillas «marca Ruckauf» que regalaba en el GBA), ilustración que rápidamente debió ser reemplazada.

Una vez editados los textos, el siguiente paso fue llamar a licitación pública para su impresión. Se presentaron dos imprentas: la mencionada AGR (del monopolio) y Melanzane, de un empresario de apellido Curatola. La decisión se conocería en los próximos días, pero no habrá que ejercer demasiado la imaginación para «adivinar» quién ganará.

«¿Por qué no nos presentamos los miembros de la CAP? Porque somos editoriales, no imprentas... La licitación se convocó para imprimir los textos ya elaborados, por lo que el Estado en este caso se convierte en empresario editorial. Nosotros intentamos varias veces hablar con el gobernador y con la ministra de Educación provincial, Adriana Puiggrós, pero nunca fuimos recibidos»,
dice Avelluto.

Los textos se entregarán a los alumnos de las escuelas bonaerenses a título gratuito, pero el número que se imprimirá será
muy superior al total de textos que se venden anualmente. Las estadísticas marcan que en el país se colocan nueve millones de ejemplares al año, de los cuales tres millones se venden en territorio bonaerense. La primera tirada de esta edición será, como se dijo, de 3,6 millones (20% más que la venta anual), pero Puiggrós ya anunció que se imprimirán cerca de 20 millones de volúmenes.

La experiencia de entregar libros gratis a alumnos menos favorecidos económicamente ya fue hecha «por el Ministerio de Educación de la Nación, pero a diferencia del provincial, no se constituyó en editor: ofreció una amplia gama de libros de todas las editoriales que eran elegidos hasta por los propios maestros; una vez seleccionados, las editoriales se los vendíamos a 50% del precio al público, y ellos los daban sin cargo a los chicos. En Córdoba se hizo algo parecido, sin afectar ni el negocio editorial ni la pluralidad de ideas».

Así las cosas, el monopolio «Clarín» no parece detenerse ante nada: como antes obligó a anunciantes a avisar sólo en sus medios so pena de retirarles un «descuento» que les practicaba sólo si sus anuncios no se publicaban en otros, ahora quiere quedarse con todo el mercado de textos escolares, ahogando a la competencia y enviando ya desde el colegio primario los más que cuestionables mensajes ideológicos que se leen en «Clarín», se escuchan en «Radio Mitre», se ven en «Canal 13» o en TN y circulan por Internet a través de Flash, por citar sólo algunos de los medios que controla este insaciable conglomerado.

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