Los productores de semillas se encolumnarán en defensa de la empresa Monsanto en su lucha por cobrar derechos de patentamiento sobre sus semillas transgénicas, pelea que reactivó la semana pasada el secretario de Agricultura, Miguel Campos. Sucede que, ante la amenaza del controvertido funcionario de no aprobar más productos desarrollados por Monsanto en caso de que ésta avance con su intención de accionar legalmente en Europa para cobrar esos derechos, la ASA (Asociación de Semilleras de la Argentina) dará a conocer esta semana una comunicado en el que manifestará que el problema no es de Monsanto, sino de la industria. En el comunicado de la entidad que agrupa a una treintena de empresas del sector -entre ellas, a Nidera, la rosarina Relmo, más las internacionales Dow, Dupont/Pioneer, etc.- se le pedirá a Campos que intente resolver el tema, dado que el funcionario no dio muestras de intentar solucionarlo.
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También reclamarán la sanción de dos resoluciones: una que limite el «uso propio oneroso» de las semillas patentadas (las que reserva cada cosecha el productor agrícola para plantar la siguiente campaña) y otra que defina quiénes son «pequeños productores». «Estamos dispuestos a conceder que son los que tienen hasta 250 hectáreas, pero hay que definirlo ahora porque ya pasaron dos cosechas y seguimos sin solucionar nada», dijo a este diario Raúl Palmieri, titular de ASA.
El «enojo» de Campos se originó en la decisión de la empresa estadounidense de iniciar acciones legales en Dinamarca y en Holanda para percibir allí las regalías por su soja «RR» (40% de la soja argentina se exporta a Europa); ante esa movida, el secretario no sólo amenazó con no aprobar nuevos productos, sino que involucró a la Cancillería, pidiéndole que en esas acciones legales la Argentina se constituya en parte. Lo llamativo es que se trata de un conflicto entre productores agropecuarios y de semillas, en el que el Estado no debería tener intervención. De hecho, voceros de Relaciones Exteriores descartaron de plano dicha posible intervención.
En diálogo con este diario, Federico Ovejero, vocero de Monsanto, dijo: «Nos sorprende la supuesta sorpresa de Campos, porque lo mantuvimos al tanto de todos los pasos que dimos para defender nuestros derechos, tanto aquí como en el exterior». El funcionario se había mostrado « sorprendido» por el anuncio de Monsanto de iniciar acciones legales en Europa.
• Beneficio
En relación con la amenaza de Campos de no aprobar más desarrollos transgénicos de Monsanto, Ovejero replicó: «Siempre que trajimos un producto a laArgentina fue para beneficiar tanto al país como a sus productores, además, obviamente, de intentar obtener utilidades». En la actualidad, Monsanto tiene en trámite hace un año la homologación de su maíz transgénico «RR/BT», resistente tanto a los herbicidas como a los insectos. «Estamos dentro de los plazos habituales», tranquiliza Ovejero.
Las empresas del sector habían aceptado ya rever el monto de las regalías, así como aceptar dejar de percibirlas durante 2005 si se resolvía que debían pagarse a partir del año próximo. «A cambio de esto, tuvimos una reacción inesperada por parte del secretario, a pesar de nuestra expresa voluntad de encontrar una solución a través del diálogo», dijo Palmieri. De todos modos, la ASA pidió reunirse en el curso de esta semana con Campos, y de lo que surja de ese encuentro -en caso de que se concrete- podría modificar el texto final del comunicado e, incluso, llegarse a no publicarlo en lo absoluto. «Pero, por ahora, la posición de Campos no parece conducir a un acuerdo, porque el secretario se ha mostrado siempre reacio a hablar del tema de las regalías», completa el dirigente.
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