Por Emilio Apud (Fundación Pensar).- La necesidad tiene cara de hereje, este dicho, tan antiguo como cierto volvió a mostrar su vigencia con toda crudeza con las últimas decisiones del Gobierno: buscó negociar con los malignos buitres y con el club de bancos de los países ricos, llamado de París; pagarle a Repsol renunciando al negocio que ingenuamente cerraba haciéndole pito catalán a los españoles con el pago, hacer una devaluación de más del 30% y sincerando, o casi, el índice de precios del INDEC.
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Este jueves se ratificaron estos cambios por necesidad con dos anuncios que contradicen el relato que da sustento al "modelo". Una, que el país no creció arriba de 4,9% el año pasado, como lo venía sosteniendo enfáticamente, sino que lo hizo por debajo del 3%. Con ese dato no se estaría buscando la sinceridad sino evitar el pago del cupón PBI por más de US$3.000 millones, cosa que ocurre cuando el crecimiento interanual del PBI supera el umbral de 3,2%. La otra decisión fue aumentar las tarifas, por ahora sólo de gas y agua, ajuste que se suma al regresivo impuesto inflacionario, contradiciendo el desafío hecho por la propia Presidente al advertir que el ajuste ella no lo iba a hacer, que lo hicieran otros. Al final, las propias decisiones del Gobierno parecen probar que ese ajuste era inevitable.
Las necesidades que motivaron estas decisiones casi simultáneas son las mismas: que no alcanzarán las divisas para asumir los compromisos de deuda e importaciones hasta diciembre de 2015; y que los subsidios llegan a 12% del gasto público récord, que lleva a un déficit fiscal que se cubre mayoritariamente con emisión espuria que concluye con una inflación intolerable.
Como el Gobierno no quiere bajar el descontrolado gasto público, para evitar que siga creciendo el déficit echa mano a la baja de subsidios vía ajuste tarifario que deberá afrontar en soledad la sociedad para que la ficción kirchnerista pueda mantenerse hasta el final de su gestión. Eso sí, con dosis homeopáticas para no agravar el ya alicaído humor de la gente. Prueba de ello es que si se dieran los números que maneja el Gobierno, con el aumento tarifario del gas y el agua previsto se lograría reducir los subsidios en unos $10.000 millones, menos de 9% del total. El anuncio oficial viste demagógicamente el ajuste de reasignación tarifaria, que redundaría en los planes sociales, en el PROCREAR, en una mejora a las empresas para que puedan invertir, cuando lo más probables es el dinero vaya al Tesoro para seguir gastando. Mientras no se invierta, la calidad de los servicios seguirá deteriorándose, como todos vemos, no se podrá invertir hasta 2016.
Por último, no se puede dejar pasar por alto el elogio que hicieron los ministros Kicillof y De Vido a la política de subsidios implementada durante más de diez años. Puede haber beneficios políticos de corto plazo para el Gobierno y réditos económicos para sus allegados, pero la sociedad ya vio sus verdaderos resultados: inflación, desabastecimiento y cepo cambiario.
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