Economía (no elección) es la real ruleta rusa

Economía

En su presentación como candidata a la presidencia, la senadora Kirchner argumentó que debía ser electa para «institucionalizar el cambio de modelo económico», y que «la elección presidencial no puede ser más una ruleta rusa para la Argentina». Según ella, «la experiencia trágica de la Argentina es que la vida se arregla o se desarregla desde la economía», y que la gente votaría la continuidad del modelo económico en las próximas elecciones. Como prueba, puso de ejemplo la desocupación cero que registra Las Parejas, una ciudad del sur de Santa Fe que años atrás registraba 30% de desempleo. El aserto no es del todo feliz, pero su corrección es innegable. La ruleta rusa es, según la leyenda, un juego del siglo XIX donde los prisioneros rusos eran forzados a jugar con un revólver de seis tiros y una sola bala, mientras que los carceleros apostaban sobre los posibles resultados. Otra leyenda dice que los oficiales de la armada rusa jugaban a este juego para impresionar a sus camaradas. El registro más antiguo de ruleta rusa es un cuento de Georges Surdez publicado en 1937 en la revista «Collier's Magazine».

El más moderno es del asesinato de Axel Blumberg, donde sus secuestradores jugaron a la ruleta rusa con él, luego de su fallido intento de escape, hasta que una bala lo mató.

  • Sin evidencias

    No existe en el mundo la más mínima evidencia de que medidas gubernamentales para estimular la economía tengan correlación con los resultados. Al contrario de lo que se anunciaba hace décadas, los ciclos económicos siguen funcionando como hace 150 años y, como las medidas de los gobiernos son inoperantes, la relación con el fin de cada crisis ha sido pura coincidencia.

    Ni siquiera el legendario MITI japonés ha permitido planificar el «desarrollo económico»: para el MITI, la industria japonesa no debía dedicarse a los autos sino a los aviones, y Sony debía migrar su esfuerzo industrial a los macroordenadores.

    Cuando un país se ve favorecido por la pendiente positiva de un ciclo económico, cualquier burócrata quiere aparecer como el titular del mérito, aunque se haya opuesto al éxito.

    La industria de maquinaria agrícola de Las Parejas existe hace muchos años: ¿Por qué había desocupación en los 90 y no hoy, si la soja en alguna parte del mundo existía, y se necesitaban máquinas para sembrar y cosechar? Sólo por el precio de la soja, que no tiene nada que ver con el gobierno. Si fuera por una ventaja estratégica, por ejemplo capacidad tecnológica hasta hoy oculta, hasta la Boeing debería mudarse desde Seattle a Las Parejas, y los accionistas de Ford hubieran echado al board a patadas por seguir en Detroit. Repsol se equivoca al salir corriendo de un país que tiene una base industrial como Las Parejas, con una demanda energética en pleno crecimiento.

    Como un gobierno no puede controlar los ciclos económicos, debe esforzarse sólo en crear un clima adecuado para el ahorro y la inversión, no a tratar de controlar fluctuaciones de corto plazo para proteger una industria, ya que de otra manera estaría haciendo de adivino. Desde Adam Smith, se sabe que el proteccionismo cultiva la autocomplacencia y la ineficacia, y termina desprotegiendo lo que pretende proteger. Los agricultores no compran Rastrojeros de IME, sino Toyota y Mitsubishi.

    Para el burócrata es fácil pensar en que le puede vender a China hoy, pero le resulta una ciencia oculta conocer cómo financiar lo que le venderá. Crear el «clima adecuado» es, según Peter Drücker, la única alternativa para incorporar a una economía interior una resistencia a los arbitrajes de los mercados monetarios internacionales, contra los cuales ningún gobierno puede resistirse. La Argentina está muy lejos de ello.

    La reciente incursión de la política en el INDEC incrementará el ingreso de los abogados argentinos. Cuando políticas dirigistas similares a las actuales derivaron en la hiperinflación de los 80 y quebraron los contratos de los jubilados con las cajas de jubilación, éstos reclamaron el pago de la diferencia de haberes. Para cuando ganaron los juicios, el Estado consolidó las deudas en BOMECU, con el límite de que los saldos debían ajustarse por inflación, pero con el tope del valor de un dólar, sin intereses. Algunos vendieron los bonos y colocaron la plata en un banco en la moneda norteamericana, pero el gobierno se la quitó y entregó bonos a una paridad que luego la Corte convalidó (siempre por «razones de emergencia») con el límite del valor de un dólar. Otros se quedaron con los bonos, que debieron canjear obligatoriamente luego del Decreto 1.735/04 (hecho único en la historia de los default en el mundo) porque el deudor (la República Argentina) hizo dictar una ley que estableceque sus obligaciones no sirven más, y que en adelante hay una nueva metodología de financiamiento ajustada por un índice (el CER) que mide la inflación, y tiene como tope el valor del dólar.

    Todavía hoy la Caja de Jubilaciones del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba pide al Estado que cumpla un fallo de un juez federal y le devuelva varios millones de dólares de bonos argentinos en default para pagar sus jubilaciones, pero los burócratas del Ministerio de Economía le contestan que el canje terminó y que «una ley le prohíbe» cumplir con sus obligaciones.

    Cuando los índices de inflación se le fueron de las manos por la emisión del Banco Central y el gobierno aumentaba los salarios por la presión gremial, «Morenito» (para diferenciarlo de Mariano Moreno) comenzó obligando a los colegios privados a «agregar» una cuota de recomposición a las matrículas, para que no hubiera «aumento de cuota mensual» sino «aumento de la cantidad de cuotas» que el índice no mide. Cuando se le terminaron los artilugios, Morenito utilizó la ley de Murphy: medir con un microtomo, marcar con una tiza y cortar con un hacha, para que el índice salga como él quiere.

  • Posibles demandas

    El escándalo de la tiza y el hacha ha sido tal que los inversores institucionales han comenzado a consultar abogados para iniciar nuevas demandas. Cuando se inició el CER, el INDEC contaba con una metodología que debe ser respetada, ya que integra el contrato de emisión de una obligación del Estado, o el contrato de financiación de un préstamo. La deuda afectada por CER afecta $ 160 mil millones, más los contratos bancarios reestructurados que habían sido pactados en dólares.

    Ahora, todos se preguntan: si el incremento del PBI es de 9% y la recaudación de IVA se incrementó en el orden de 35%, ¿cómo se hace para que el CER no sea la diferencia, o sea 26%?

    Cada vez que el gobierno despide un técnico del INDEC, los estudios jurídicos van a buscarlo para conocer en detalle cuál era esa metodología. Cuando ese conocimiento se difunda, existirán nuevas medidas cautelares pedidas a los jueces, ya sea aquí o en el extranjero, y la Argentina se enfrentará nuevamente a una catarata de juicios similar a la que vivió con el «corralito», ya que a los jubilados, ahorristas y acreedores de deuda reestructurada les han quitado por lo menos unos 30 mil millones.

    Tal vez Cristina Kirchner no comprenda que, en la Argentina, la economía es una ruleta rusa permanente. Pero los burócratas del gobierno obligan a jugarla con todas las balas en el tambor.
  • Dejá tu comentario