24 de enero 2001 - 00:00

"No hay que tener miedo de comer carne de vacuno"

Juan José Badiola es uno de los que más sabe sobre la enfermedad de la «vaca loca» en España. Es doctor en Veterinaria y catedrático de Sanidad Animal de la facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza. Además, dirige el Centro Nacional de Referencia de Encefalopatías Espongiformes Transmisibles. Badiola tiene 52 años, nació en León, está casado y tiene tres hijas. En una entrevista al diario español «La Vanguardia» confesó que come carne, «pero no sesos».

Lleva ya doce años analizando encéfalos de vacas, ovejas y cabras.

Periodista: ¿Qué comió hoy? Juan José Badiola:
Pollo al limón.

P.: ¿Ningún peligro?
J.J.B.:
Ni en pollos ni en cerdos se han encontrado encefalopatías. Pero también como carne de cordero, y de vacuno, ¿eh?

P.: ¿Y no tiene algún escalofrío al hacerlo?

J.J.B.: Ninguno, porque ni la carne ni la leche transmiten la infección priónica.

P.: ¿Qué la transmite, pues?
J.J.B.:
Sesos, médula espinal, ojos, amígdalas e intestinos de vacuno. Yo no comería sesos.

P.: Si una persona ya está infectada, ¿dentro de cuánto tiempo notará los primeros síntomas?

J.J.B.: Entre 5 y 20 años después de haber ingerido los tejidos infectado con priones.

P.: ¿Qué es un prión?
J.J.B.:
Una proteína anómala, perversa: engaña a los sistemas de vigilancia inmunitaria.

P.: ¿Y cómo consigue eso el prión?

J.J.B.: Porque es una proteína casi idéntica a la normal de las membranas de las células. Es «plegada» de forma distinta de la normal, y «convence» a ésta para que la imite. Una a una. Es un proceso lento, pero, hoy por hoy..., no sabemos frenarlo.

P.: ¿Alguien murió de esto en España?

J.J.B: No hay ningún caso por ahora.

P.: Pero yo mismo puedo estar incubándolo...

J.J.B.: Creo que hay algún factor en el hombre que frena el desarrollo de la enfermedad: en Gran Bretaña ha habido «sólo» 85 casos en humanos sobre 180.000 en bovinos.

Al comer, el prión ha entrado por el intestino y ha pasado al sistema linfoide: su objetivo es el sistema nervioso central, donde va generando cada vez más priones, que viajan hacia el encéfalo. Se acumulan en el tronco del encéfalo y van vacuolizando las neuronas, o sea, creando vacíos, esponjando el encéfalo... ¡matando neuronas, en fin!

P.: ¿Cómo sabré que me está pasando eso?

J.J.B.: Tendrá depresión, temblores, ataxia (se le doblarán las extremidades), se caerá al suelo, no coordinará bien sus movimientos, su cara adoptará una expresión de pánico...

P.: ¿Qué diferencia esta nueva encefalopatía de la humana, la de Creutzfeld-Jakob?

J.J.B.: Que ésta puede manifestarse en adolescentes, en personas de 40 años, y la humana clásica sólo a partir de los 55, 65 años.

P.: Todo ese proceso que me ha descripto, ¿es el que experimentan las vacas infectadas?

J.J.B.: Exactamente el mismo.

P.: ¿Y cómo empezó todo? ¿Cuándo?

J.J.B.: En el invierno de 1981 a 1982, en Gran Bretaña. Hubo una crisis petrolera, una depresión económica allí y, para abaratar costos, los ingleses modificaron el proceso de elaboración de harinas cárnicas -se hacen con restos de ovejas, vacas...- para piensos.

P.: -¿En qué se modificó el proceso habitual?

J.J.B.: Antes se hacía a 160°, en varios etapas, de una hora y media. Y pasó a hacerse a menor temperatura y en menos tiempo. Algo sucedió entonces que permitió que pasara a la vaca el prión de la oveja, el del «scrapie», encefalopatía ovina conocida hace 250 años, e inocua para el hombre.

P.: ¿Se puede enterrar a una «vaca loca»?

J.J.B.: No hay que enterrarla. Los priones persisten. Hay peligro de contaminar acuíferos. Si la vaca está enferma hay que quemarla. A más de 800°, cuando los huesos son ceniza, los priones han muerto. Hay otra forma: convertir la vaca en harina, y someter luego esa harina a 133° y a tres bares de presión durante 20 minutos. Esas cenizas son ya inactivas, pueden enterrarse.

P.: ¿Cuántas vacas muertas han sido analizadas en España durante el año 2000?

J.J.B.: En total 2.700, entre las que hemos detectado los cinco casos que hoy conocemos.

P.: ¿Cuántos análisis se harán en el 2001?

J.J.B.: En torno a los 500.000. Es lo que manda Europa, en función de nuestra cabaña.

P.: ¿Cuántas «vacas locas» saldrán de ahí?

J.J.B.: Podría haber 25, 30... Más, me preocuparía. Si hay 60 o 70, la cosa es de envergadura. Los análisis son a vacas de más de 30 meses.

P.: ¿Qué pasa si ingiero tejidos de riesgo de una vaca más joven, aparentemente sana?

J.J.B.: En las terneras menores de un año, el prión no ha tenido tiempo de entrar en el sistema nervioso. No hay peligro, en principio.

P.: Pero todo es tan dudoso...
J.J.B.:
Estamos investigando. Lo ideal será crear un test que pueda hacerse a las vacas en vida, y luego descubrir una manera de frenar al prión en su proceso expansivo. La culpa fue de los británicos, por exportar a Europa aquellos piensos sabiendo lo que pasaba.


Te puede interesar