"No hay que tener miedo de comer carne de vacuno"
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Periodista: ¿Qué comió hoy? Juan José Badiola: Pollo al limón.
P.: ¿Ningún peligro?
J.J.B.: Ni en pollos ni en cerdos se han encontrado encefalopatías. Pero también como carne de cordero, y de vacuno, ¿eh?
P.: ¿Y no tiene algún escalofrío al hacerlo?
J.J.B.: Ninguno, porque ni la carne ni la leche transmiten la infección priónica.
P.: ¿Qué la transmite, pues?
J.J.B.: Sesos, médula espinal, ojos, amígdalas e intestinos de vacuno. Yo no comería sesos.
P.: Si una persona ya está infectada, ¿dentro de cuánto tiempo notará los primeros síntomas?
J.J.B.: Entre 5 y 20 años después de haber ingerido los tejidos infectado con priones.
P.: ¿Qué es un prión?
J.J.B.: Una proteína anómala, perversa: engaña a los sistemas de vigilancia inmunitaria.
P.: ¿Y cómo consigue eso el prión?
J.J.B.: Porque es una proteína casi idéntica a la normal de las membranas de las células. Es «plegada» de forma distinta de la normal, y «convence» a ésta para que la imite. Una a una. Es un proceso lento, pero, hoy por hoy..., no sabemos frenarlo.
P.: ¿Alguien murió de esto en España?
J.J.B: No hay ningún caso por ahora.
P.: Pero yo mismo puedo estar incubándolo...
J.J.B.: Creo que hay algún factor en el hombre que frena el desarrollo de la enfermedad: en Gran Bretaña ha habido «sólo» 85 casos en humanos sobre 180.000 en bovinos.
P.: ¿Cómo sabré que me está pasando eso?
J.J.B.: Tendrá depresión, temblores, ataxia (se le doblarán las extremidades), se caerá al suelo, no coordinará bien sus movimientos, su cara adoptará una expresión de pánico...
P.: ¿Qué diferencia esta nueva encefalopatía de la humana, la de Creutzfeld-Jakob?
J.J.B.: Que ésta puede manifestarse en adolescentes, en personas de 40 años, y la humana clásica sólo a partir de los 55, 65 años.
P.: Todo ese proceso que me ha descripto, ¿es el que experimentan las vacas infectadas?
J.J.B.: Exactamente el mismo.
P.: ¿Y cómo empezó todo? ¿Cuándo?
J.J.B.: En el invierno de 1981 a 1982, en Gran Bretaña. Hubo una crisis petrolera, una depresión económica allí y, para abaratar costos, los ingleses modificaron el proceso de elaboración de harinas cárnicas -se hacen con restos de ovejas, vacas...- para piensos.
P.: -¿En qué se modificó el proceso habitual?
J.J.B.: Antes se hacía a 160°, en varios etapas, de una hora y media. Y pasó a hacerse a menor temperatura y en menos tiempo. Algo sucedió entonces que permitió que pasara a la vaca el prión de la oveja, el del «scrapie», encefalopatía ovina conocida hace 250 años, e inocua para el hombre.
P.: ¿Se puede enterrar a una «vaca loca»?
J.J.B.: No hay que enterrarla. Los priones persisten. Hay peligro de contaminar acuíferos. Si la vaca está enferma hay que quemarla. A más de 800°, cuando los huesos son ceniza, los priones han muerto. Hay otra forma: convertir la vaca en harina, y someter luego esa harina a 133° y a tres bares de presión durante 20 minutos. Esas cenizas son ya inactivas, pueden enterrarse.
P.: ¿Cuántas vacas muertas han sido analizadas en España durante el año 2000?
J.J.B.: En total 2.700, entre las que hemos detectado los cinco casos que hoy conocemos.
P.: ¿Cuántos análisis se harán en el 2001?
J.J.B.: En torno a los 500.000. Es lo que manda Europa, en función de nuestra cabaña.
P.: ¿Cuántas «vacas locas» saldrán de ahí?
J.J.B.: Podría haber 25, 30... Más, me preocuparía. Si hay 60 o 70, la cosa es de envergadura. Los análisis son a vacas de más de 30 meses.
P.: ¿Qué pasa si ingiero tejidos de riesgo de una vaca más joven, aparentemente sana?
J.J.B.: En las terneras menores de un año, el prión no ha tenido tiempo de entrar en el sistema nervioso. No hay peligro, en principio.
P.: Pero todo es tan dudoso...
J.J.B.: Estamos investigando. Lo ideal será crear un test que pueda hacerse a las vacas en vida, y luego descubrir una manera de frenar al prión en su proceso expansivo. La culpa fue de los británicos, por exportar a Europa aquellos piensos sabiendo lo que pasaba.



