4 de diciembre 2002 - 00:00

No le eches la culpa a ninguno

No le eches la culpa a ninguno
La mayor parte de los comentarios intentando analizar lo ocurrido ayer le echaron la culpa a AOL y Merrill Lynch. Es cierto que estas dos empresas fueron las más destacadas entre las que tuvieron un comportamiento negativo y que se puede decir que hasta cierto punto alcanzaron a contagiar a otras, pero de ahí a decir que fueron las responsables de la baja es simplemente un disparate. Si bien deberíamos circunscribirnos a hablar nada más de un mercado que, medido por el índice industrial, perdió ayer 1,35% al cerrar en 8.742,93 puntos, o de acuerdo con los papeles del sistema electrónico bajó 2,41%, esto es sólo la hoja en la copa de un árbol y no el bosque. El bosque es un mercado que una y otra vez llega a ganar 20%, poniéndose a las puertas de lo que la tradición ha definido como un "bull market", sólo para retroceder, casi como buscando una venganza, a nuevos mínimos. De los mínimos no podemos hablar, pero sí de la dificultad que parecen estar encontrando los más optimistas para impulsar los precios más de este 20%. De hecho, al cierre de ayer y desde los mínimos del 9 de agosto, el S&P 500 ha reducido su mejora a 18,54% mientras que el Dow, casi burlándose de quienes esperaban algo más, quedó marcando 19,99%. Es cierto, como dicen los analistas de Merrill, que ha habido algo de exuberancia en la suba de estas semanas (es difícil justificar el 160% que ganó AT&T en sólo seis semanas, el 122% de Juniper, el 171% de Ciena, el 113% de JDS e incluso los más acotados 60% de Intel o 90% de Yahoo!) pero de ahí a volcarse de lleno por los bonos suena a disparate. También es un disparate pasar de golpe al pesimismo, pero también lo es no hacer caso a las señales que vemos. En conclusión: prudencia hasta que se defina algo.

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