18 de noviembre 2003 - 00:00

Nuestro país se desangra en pujas internas por no asumir la realidad

Lamentablemente el periodismo está realizado con poca cultura, mucho más en la televisión que en los diarios. Por eso sorprendió agradablemente un artículo de la revista «Noticias» del 8 de noviembre que se aparta del análisis político simplista basado en datos y circunstancias de no más de una semana. Los historiadores actuales, aun los más destacados y desde ya los improvisados, se han dedicado a hechos o personajes puntuales del pasado como forma de manipular, sin investigación, lo que otros ya escribieron. La historia argentina real de los últimos 100 años, cuando menos, necesita para su interpretación cabal conocimientos históricos, desde ya, pero también económicos. Lo único valedero que dejaron las teorías de Karl Marx, salvo para algún fanatizado ideológico que aún cree en las otras, es el «materialismo histórico». Con éste se puede explicar nuestro retroceso desde la prosperidad a la penosa realidad actual e inclusive entender la política hoy en nuestro país. Este análisis en profundidad de «Noticias», en un nota firmada por su director-fundador, Jorge Fontevecchia, se suma a una verdad hoy todavía de pocos que se va extendiendo: la Argentina no es más, desde hace años, un país rico, como alguna vez lo fue, porque simplemente la base de su gran prosperidad en el pasado fue la vasta riqueza de su suelo pero la biotecnología moderna le ha dado al mundo posibilidades alimentarias que antes ni se imaginaban. Las naciones en desarrollo subsidian hoy y exportan alimentos. El país que tiene hambre es por pobre y no poder pagarlo. Esa realidad argentina, traducida en periodismo, ha sido frecuente en Ambito Financiero. También en algunos analistas con profundidad (caso Mariano Grondona en su libro «La realidad, el despertar del sueño argentino»). Que tenemos que asumir que somos un país otrora rico y ahora pobre es a lo que se suma «Noticias». También podemos entender así el odio y rencor entre argentinos (típico del que decae permanentemente) sin caer en las disquisiciones pseudofilosóficas y sin contacto con lo real de los Sebrelli o los Aguinis. Octavio Paz -otro pensador realista- decía que los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos... de los barcos.Así podemos ver una Argentina que se europeizó, que con sus alimentos abundantes atrajo la inmigración, y cómo todo eso derivó en lo actual, donde el envase lujoso de país proveniente del pasado nos obnubila para comprender nuestra penosa realidad, donde tenemos utopistas o políticos que quieren seguir repartiendo los despojos de pobreza que quedan, incapaces de mutar para engendrar nuevas formas de riqueza complementarias de las que fueron tradicionales. Veamos las partes salientes de este valioso comentario:

Al vivir de la soja, se compromete el futuro

John Davison Rockefeller (1839-1937), nació en un hogar modesto y murió como el hombre más rico de los Estados Unidos. En 1915, cuando ya tenía 76 años, estaba en la sala de maternidad del Mount Sinai Hospital de Nueva York y mientras una enfermera le indicaba, a través del vidrio de la nursery, cuál de los recién nacidos era su nieto, dicen que dijo: «Pobre, no va a saber lo que es luchar, ganarse la vida de verdad, nació banquero».

No se puede medir el impacto de esa frase sobre David Rockefeller (83) pero sí se puede calcular que su actual fortuna, prestigio e influencia es bastante inferior a la de su abuelo.

El célebre editor caribeño Armando De Armas (1920-2000) fundó la mayor editorial que haya existido desde Miami hasta Chile, incluyendo México, Venezuela y Colombia, hoy denominada Editorial Televisa. Una vez le preguntaron a De Armas cómo elegía a sus máximos ejecutivos y respondió: «Que tenga varios títulos universitarios, que haya egresado con honores, que tenga una muy exitosa carrera profesional, pero que haya nacido pobre».

Para De Armas, el exceso de recursos en los primeros años de la vida, a la inversa de lo que sucede en la vida adulta, podía favorecer la construcción de caracteres débiles o con poca propensión a las luchas mayores.

Estos ejemplos pueden servir de metáfora al «problema argentino», el único país del mundo que hace 70 años era la sexta mayor economía del planeta y se hundió en el subdesarrollo. O sea, que «nació» rico y se empobreció.

• Esperanza

También estos ejemplos pueden generar esperanza de que la Argentina tendrá un futuro mejor después de esta traumática experiencia porque su ya inocultable pobreza impide a las actuales generaciones creerse ricos.

Thomas Malthus
(1766-1834), economista inglés, tuvo un gran error. Escribió en su libro «Primer ensayo sobre la población»: «La capacidad de crecimiento de la población es infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimentos para el hombre; la población, si no encuentra obstáculos, aumenta en progresión geométrica y los alimentos sólo aumentan en progresión aritmética».

A comienzo del siglo XIX Malthus afirmaba: «Estimando la población actual del mundo, por ejemplo en mil millones de seres, la especie humana crecería como los números 1, 2, 4, 8, 16, 32, 64, 128, 256, 512, etc., en tanto la producción de alimentos lo haría como 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, etc.».

Pero Malthus no pudo imaginar la aparición de la pastilla anticonceptiva junto a otros métodos de control de la natalidad. Y que se redujera drásticamente la tasa de natalidad, y los matrimonios precoces ya no fueran necesarios para desalentar el vicio.

Tampoco Malthus pudo imaginar la aparición de la biotecnología y los geométricos avances de la ingeniería genética aplicada a la producción de alimentos. Por ejemplo, la producción cerealera creció 94% sólo entre 1970 y 1990 con apenas 6% de crecimiento de las hectáreas cultivadas.

Ambos avances de la ciencia se consolidaron en la segunda mitad del siglo XX y combinados hicieron invertir las proporciones: la producción de alimentos aumentó en porcentajes mucho mayores que la población. Por lo tanto desde 1950 a la fecha, medidos en dólares constantes, el precio del trigo bajó 63%, el arroz 64%, el del sorgo 66% y el del maíz 68%.

La población argentina está constituida por hijos y nietos de inmigrantes que en su gran mayoría vinieron al país antes de 1950 atraídos por aquella floreciente economía argentina cuando las leyes de Malthus aún se creían válidas.

Criaron a sus hijos y éstos a sus nietos en la abundancia de un país fuertemente exportador y muy rico.
En cierta forma, todos nacían ricos como el nieto de Rockefeller. Pero, no podían saberlo, la ciencia estaba a punto de alumbrar descubrimientos que reducirían ventajas competitivas de la economía argentina y, por consiguiente, su futura riqueza.

La peor de las combinaciones emocionales estaba latente: riqueza en la niñez, pobreza en la adultez.

Los demás pueblos latinoamericanos nunca gozaron de la riqueza argentina, sus poblaciones no fueron constituidas por una abrumadora mayoría de inmigrantes europeos convencidos que llegaban a la tierra prometida.

Hasta hace dos décadas, el Producto Bruto de Chile era sólo un tercio del de la Argentina y hoy son dos tercios: Chile duplicó su importancia relativa respecto de la Argentina. Y hasta 1950 el Producto Bruto de Brasil era más pequeño que el de la Argentina, hoy es cinco veces mayor.

Retrocesos comparados de tal magnitud no alcanzan a ser explicados por el error de determinados gobernantes aunque, claro, resulte más cómodo.

Parte de la locura argentina se explica en que sus habitantes nos creímos lo que no éramos: ricos.


Kirchner enfrenta hoy el peligro de cumplir con aquello de que «un optimista es sólo un pesimista mal informado» y leer inadecuadamente la realidad. A pesar de la tremenda devaluación y los bajísimos salarios en dólares, no estamos exportando productos cuyo componente de costos sea mayoritariamente mano de obra intensiva. Rememorando la época en que Malthus proyectaba el aumento de precio de los alimentos, todo el superávit comercial de la Argentina del 2003 será producido por un comestible, la soja, ya llamado «oro verde».

• Peligros

La suma de todos los productos que la Argentina venderá al exterior en 2003 generará ingresos por 30 mil millones de dólares, pero más de la cuarta parte de ese total, casi 8 mil millones, son sólo exportaciones de soja y sus derivados, el grano, los aceites y las harinas.

El boom de la soja tiene sus peligros
, la mitad del campo argentino sembrado está dedicado a la plantación de soja (más de 12 millones de hectáreas, un territorio equivalente a la suma de todo Holanda y Portugal). Y de las 2,5 millones de hectáreas que hace 30 años producían carne y leche y que se pasaron a la agricultura, 83% se dedicó a la soja. Cualquier monocultivo es riesgoso, pero en el caso específico de la soja se agrega que la cantidad de nutrientes de la tierra que consume es tres veces superior a la reposición anual en fertilizantes e impide que su cultivo pueda mantenerse en forma continua.

En lugar de agricultura estaríamos haciendo minería porque exportamos el humus del campo que luego deberá recuperarse.
Un costo oculto: los propietarios perderán 1.130 millones de dólares de capital tierra en 2003 porque ese es el costo de reponer los nutrientes que consumieron los 35 millones de toneladas de soja de este año.

Además se agrega la polémica de los transgénicos que contiene la soja transgénica (RC) que elaboramos: en Europa está prohibida y en EE.UU. está limitada a 30% del total de su cultivo. El boom de la soja obedece a que la demanda mundial ha venido creciendo todos los años 4% ininterrumpidamente, y se presume que lo seguirá haciendo así hasta el año 2013. Pero también, gracias a la manipulación genética de las semillas que mejoró su rendimiento, las hizo resistentes a plagas y a herbicidas más baratos que aumentaron el rinde por hectárea. Semillas fabricadas por empresas extranjeras que podrían controlar la producción desde la provisión o el costo de ellas.

Otra economía extractiva y aún menos reponible son las exportaciones petroleras. Hasta comienzos de los años '90, la Argentina no exportaba sus reservas energéticas, entre 1995 y 1999 se exportaron alrededor de 2 mil millones de dólares anuales y a partir de que se pronuncia nuestra recesión, desde el año 2000, venimos exportando 5 mil millones de dólares por año en petróleo y gas. De ser figurativamente la Arabia Saudita del trigo y las vacas, en cierto sentido pasamos a serlo literal-mente.

De acuerdo con lo informado por el INdEC, comparando los primeros 8 meses de este año con igual período del anterior, las exportaciones de manufacturas agropecuarias crecieron 19% y las de combustibles y energía, 18%, pero las manufacturas de origen industrial cayeron 7%. Como las exportaciones de manufacturas de origen industrial ya habían caído 9% en 2002 respecto de 2001, desde la devaluación cayeron 15% acumulado.

• Ventaja


Una cultura económica extractiva, ya sea humus, petróleo o gas, es cortoplacista. Es inteligente aprovechar cada ventaja coyuntural que se genere pero para construir un crecimiento independiente no debemos resignarnos a ser mayoritariamente exportadores de recursos naturales como lo hicieron nuestros abuelos.

Brasil también es un megaexportador de soja, pero su industria contribuye a su superávit comercial de forma considerable. Otra comparación: Brasil produce 50% más de soja que la Argentina pero consume parte de lo que cultiva. La Argentina es el mayor exportador mundial de soja, en parte por la recesión: exporta 95% de lo que cosecha sin haber erradicado la desnutrición.

Hace 70 años la Argentina era la sexta economía mundial. El G-6 de hoy lo integran EE.UU., Japón, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia. Según el banco de inversión Goldman Sachs el G-6 del año 2050 lo integrarán China, EE.UU., India, Japón, Brasil y Rusia, en ese orden.

Visión de largo plazo se precisa.

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