Esta vez, Dick Grasso (el presidente del NYSE) no lideró la tradicional ceremonia de cierre pero, de haber estado, sin dudas hubiera lucido una sonrisa de oreja a oreja en su rostro, aunque tal vez se estaría adelantando. Jugando, como siempre, al oráculo la Fed, que se había mostrado tan renuente a tomar una actitud firme el miércoles, ayer dio a conocer las minutas de la reunión, en las que lo más destacado pasó por la frase referida a las muy "remotas posibilidades de que la economía entre en un proceso deflacionario". Dejando de lado que a las palabras se las lleva el viento, mientras los recortes de tasas quedan, esto más que alcanzó como argumento para que los alcistas se lanzaran con furia a impulsar los precios una vez más hacia arriba. Claro que lo de furia es relativo, porque el volumen negociado ayer para todo el mercado no sólo fue el más bajo de las últimas tres semanas, sino que fue en contra de la tradición que marca que el día posterior a un anuncio del Banco Central el interés de los inversores crece. También es claro que una mejora de 0,75% en el Dow, que cerró en 9.079,04 puntos, o de 1,96% para el NASDAQ, luego de cinco ruedas consecutivas de caída, no da mucho pie para hablar de una "suba furiosa". Es así que tenemos, en principio, dos factores con que justificar la mejora de ayer. Pero si tenemos en cuenta que faltan apenas unos días para el fin del trimestre y que se notó la actividad de varios fondos de inversión que salieron a "vestir cortinas", a lo que se sumó una nota levemente positiva en el frente laboral, es claro que hubo motivos de todos los colores para la suba. Lo curiosos es: ¿por qué no se subió más?
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