S i bien la semana arrancó aproximadamente como lo ha venido haciendo en las últimas tres, es decir, una leve suba en la primera hora de operaciones, luego un largo período de indefinición y, al final, un cierre netamente bajista, prácticamente podemos decir que ha sido la peor de todas. Es cierto que por el lado de los precios esto no se vislumbra, ya que el Promedio Industrial tuvo una ligera merma de 0,27%, a 10.444,73 puntos, en tanto el NASDAQ (que vivió lo peor del día) retrocedió un acotado 0,63%. Todos, valores que podríamos llamar "normales". Por el lado del interés de los inversores, si bien fue definitivamente pobre, ya que apenas se alcanzaron a realizar operaciones con poco más de 1.200 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.700 en el electrónico, tampoco hay mucho para alarmarse. Donde surge la idea del "peor lunes en mucho tiempo" es en el grado de desperdicio que tuvieron las buenas nuevas (que en otro escenario hubieran disparado una suba). Como ha venido ocurriendo, si bien los balances que se dieron a conocer fueron debidamente interpretados por el mercado, en su conjunto siguen sin ser capaces de entonarlo verdaderamente. Lo mismo podemos decir de los datos macro que se difundieron, en especial, el reporte de ventas de nuevas casas, que sólo sirvió justificar sacar dinero "del plato", aunque la tasa de largo se moviera en un sentido contrario (bajo). Si se quiere, podemos argumentar que es el temor a la guerra, la incertidumbre de las elecciones de noviembre, la segura suba de tasas a partir de agosto, o un mercado que subió demasiado en los últimos meses.
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