Luiz Inácio Lula Da Silva comenzará esta noche su segunda visita oficial a Buenos Aires, luego de su presencia en la asunción de Néstor Kirchner. El marco no será el mejor. Los industriales argentinos vuelven por estos días a un reclamo de vieja data: la existencia de una invasión de productos brasileños en el mercado argentino. Le reclaman a Kirchner que amenace a Lula con la aplicación de restricciones a las importaciones de bienes brasileños, fundamentalmente calzados, textiles y algunos electrodomésticos. Sin embargo, entre los gobiernos de los dos países hay otros entendimientos en marcha. Lula anunciará en Buenos Aires su intención de habilitar para las empresas exportadoras argentinas alguna de las líneas de credito que hoy existen para las brasileñas en el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Se trata de préstamos de prefinanciación de exportaciones a ser ubicadas sólo en Brasil, con una tasa de un dígito (subsidiada). La oferta es interesante. Actualmente, son muy pocas las empresas locales que tienen acceso al crédito, salvo que sea a través de fondos propios. A cambio, la Argentina no recurriría a las trabas potencialmente habilitadas para las importaciones brasileñas. En realidad, cualquier mecanismo para limitar el ingreso de productos brasileños sólo podría ser implementado en un año y medio, con lo cual las medidas perderían eficacia.
La Argentina no aplicaría restricciones a las importaciones brasileñas. A cambio este país se comprometería a habilitar líneas crediticias para prefinanciar exportaciones del país hacia Brasil, a través de préstamos del oficial Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Este sería el principal capítulo del «Consenso de Buenos Aires» que los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva firmarían el jueves durante la primera visita «de Estado» que el brasileño hará a la Argentina para realizar una cumbre bilateral. Ese calificativo no es menor. Se usa sólo cuando existe la intención de darle a la llegada de un jefe de Estado importancia central para un país y cuando además la visita incluye a todos los ministros de un gabinete, que tienen a su vez reuniones con sus colegas locales.
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Hasta ahora, Lula había llegado hasta Buenos Aires para la asunción de Kirchner del 25 de mayo pasado, y posteriormente el argentino lo visitó en Brasilia en su primer viaje al exterior. Luego vino una época de congelamiento en las relaciones, mientras la Argentina negociaba su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Hace un mes, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas de Nueva York, los dos presidentes tuvieron un encuentro donde aparentemente dejaron de lado algunas diferencias y se comprometieron a una nueva cumbre, esta vez en la Argentina. Finalmente, Lula llegará al país hoy a las 22 e inmediatamente viajará hasta la sede de la embajada brasileña de la calle Alvear. El jueves será el día clave de la visita. Esa jornada comenzará a las 8.30 hora con el tradicional homenaje que los jefes de Estado dan en la Plaza San Martín al Libertador. En este caso estará acompañado por el ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Bielsa.
Terminados los discursos, Lula llegará por fin a la Casa de Gobierno. Kirchner le tiene preparada toda la mañana para dialogar, mientras que paralelamente los ministros de los dos países tendrán, cada uno en su sede, encuentros bilaterales. Lula cerrará un seminario organizado por el Grupo Brasil y volverá a la Casa Rosada para almorzar con Kirchner. A las 15 Lula hablaría ante la Asamblea Legislativa, preparada de fiesta para la ocasión. Luego de otra tanda de discursos, a las 17 será el turno de Aníbal Ibarra para fotografiarse con el visitante, que luego volverá a la residencia oficial para atender primero a una delegación de sindicalistas argentinos de todas las ramas que quieren conocer a Lula en algunos casos y reencontrarse con el ex metalúrgico brasileño en otros. Habrá, ya caída la tarde, un cóctel en la embajada de la calle Alvear con personalidades de la cultura en general y a las 22 los dos gabinetes a pleno están esperados en el Palacio San Martín, la sede de la Cancillería argentina, para una cena de camaradería. Nuevamente se esperan discursos. El viernes a la mañana Kirchner se dará el gusto de hacerle conocer a Lula su tierra natal. Los dos presidentes volarán a El Calafate donde está todo preparado para que den un paseo en barco hasta las inmediaciones del glaciar Upsala, el mayor de todos los que se vuelcan sobre el Lago Argentino. Kirchner agasajará a Lula con «corderito patagónico» en un asado especialmente dedicado a los brasileños, y pasada la tarde el avión presidencial brasileño («Cascajo» para los íntimos) volverá a Brasilia con la cumbre finalizada.
• Balanza comercial
El marco para esta visita no es en realidad el mejor. Ahora no son las diferentes por el tratamiento del FMI lo que separa a los dos presidentes, sino la situación comercial. Luego de un 2001 con un superávit de exportaciones e importaciones entre la Argentina y Brasil de algo menos de 1.000 millones de dólares y 2002 con un saldo también positivo de u$s 2.400 millones; este año la balanza se quebró y Brasil pasó a tener una balanza comercial favorable. Esto llevó a los industriales argentinos a denunciar nuevamente la amenaza de una «invasión de productos brasileños», encabezada por los textiles, el calzado y bienes de la línea blanca eléctrica y no eléctrica (lavarropas, termotanques, heladeras, etc.). Esto, además del constante reclamo por la situación del azúcar fabricada en Brasil, que según los ingenios argentinos estaría subsidiado. El lunes pasado la Unión Industrial Argentina (UIA), reclamó la aplicación de medidas proteccionistas directas. En realidad, lo único que podría hacer el gobierno de Kirchner, a través de la Cancillería de Bielsa, es comenzar el proceso de investigación para la aplicación de medidas de «salvaguardia» o de «antidumping», las únicas dos que están avaladas por la Organización Mundial de Comercio (OMC). La primera se aplica cuando hay un daño involuntario en la importación de un producto a partir de una crisis económica puntual y temporal. El segundo, cuando hay un daño voluntario a partir de subsidiar la fabricación de un producto en el país de origen. En cualquiera de los dos casos se trata de un proceso de no menos de un año y medio, lo que no solucionaría la situación de los sectores que la UIA quiere proteger. De manera pública o por omisión directa, la Argentina no le hará lugar a los reclamos de la entidad industrial, y no trabará las importaciones brasileñas.
Sin embargo, y para aplacar la queja argentina, Lula vendrá a Buenos Aires con la propuesta de incorporar a los industriales locales a alguno de los programas de prefinanciación de exportaciones que tiene en funcionamiento el BNDES. Esto implica que los industriales locales tendrían acceso a préstamos a una tasa de un dígito, cuando hoy directamente están fuera del sistema financiero. A cambio, y como una medida diplomática, la Argentina se comprometería también a financiar a los exportadores brasileños a través del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). Es algo nominal, ya que las líneas que tiene esta entidad abiertas, difícilmente lleguen hoy a los exportadores locales.
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