Por lo menos desde 1999, Petróleo de Venezuela (PDVSA) viene anunciando su interés de invertir en el negocio de la comercialización de combustibles en la Argentina, pero los proyectos, que llegaron a tener fecha y cantidad de estaciones de servicio por año, nunca pasaron de los papeles. Ahora, el presidente Hugo Chávez llegó a Buenos Aires con una extraña propuesta petrolera que incluye la instalación de 50 estaciones de PDVSA en nuestro país. Sin embargo, parece actualmente más difícil que hace cuatro años que la empresa estatal venezolana pueda iniciar un desarrollo afuera de su propio territorio, mientras atraviesa problemas internos y sus ingresos son la principal fuente de recursos de Venezuela.
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En la Argentina, por otra parte, los márgenes de las estaciones de servicio vienen cayendo, debido a la drástica reducción de las ventas de naftas (el producto que deja mayor beneficio), que supera 15% en lo que va del año. La razón es el proceso de conversión de autos a GNC, que se aceleró en el último año, debido a que el precio de la nafta está desregulado y se adecuó a la devaluación y a la cotización internacional del petróleo, mientras el valor del gas está pesificado y congelado y tiene una carga impositiva muy inferior.
El mercado argentino, además, recién va incorporando un nuevo actor: la estatal brasileña Petrobrás. Esta empresa opera la red de estaciones Eg3 desde diciembre de 2001, pero sólo desde mayo de este año, cuando formalizó la compra de Pérez Companc, cuenta con petróleo propio y aumentó su capacidad de refinación y cantidad de surtidores. Como era previsible, el ingreso de Petrobrás al mercado local no produjo efectos sobre los precios, porque la brasileña se mueve con criterio empresario aun en su propio país en esta materia. Aquí, por ahora, viene siguiendo la política de precios que impone RepsolYPF, por ser la empresa líder del mercado.
No hay razones para creer que PDVSA, si eventualmente se instalara en la Argentina, vaya a actuar con otro criterio. Petróleos de Venezuela es uno de los principales vendedores de petróleo a EE.UU., donde tiene instalada su red propia de surtidores, y en uno y otro negocio opera según precios internacionales.
Por eso, tampoco se entiende qué significa la oferta de Chávez de venderle petróleo a la Argentina con 20% de descuento, a 15 años de plazo y con 2 años de gracia. Según el presidente venezolano, su país ofrecería petróleo en esas condiciones a cambio de alimentos, medicinas y otros servicios. En principio, Venezuela tiene petrodólares y puede adquirir cualquier tipo de bienes en el mercado que más le convenga, porque no está sometida a ninguna restricción comercial.
Desde el lado argentino, la presunta operación tampoco se entiende.Aun en el caso utópico de que se esté pensando en «traders» independientes que se beneficien con petróleo venezolano subsidiado para producir combustibles más baratos, ni esas «traders» ni el Estado tienen capacidad de refinación propia. Y el gobierno argentino tampoco tendría cómo compensar a Venezuela, porque no es dueño de trigo, carne u otros alimentos y productos.
La propuesta de Chávez es todavía más llamativa cuando dice que quiere ayudar a la Argentina a «recuperar» su empresa estatal de petróleo. Esta idea no estuvo nunca en el programa electoral de Néstor Kirchner, y es improbable que se introduzca en el plan de gobierno. A diferencia de Adolfo Rodríguez Saá, que meneó la idea de la petrolera estatal durante la campaña. Kirchner sabe de petróleo y conoce que todas las áreas del país están concesionadas, de modo que una nueva empresa no tendría petróleo o debería empezar por encontrarlo, cuando hasta las mejores zonas de exploración ya también están adjudicadas al sector privado.
Nadie, por ahora, ve una intención estatista en el Presidente, por lo cual tampoco se entiende cómo podría participar la Argentina en el proyecto de Chávez de crear Petroamérica, una alianza entre petroleras estatales de Latinoamérica, sobre la que hasta el momento sólo hay un protocolo de intenciones entre Venezuela y Brasil.
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