Pedido
¿Sueña este presidente -como algunos antecesores en el cargo- tener un grupo de medios propio? Ayer Néstor Kirchner sorprendió al veterano propietario del grupo Prisa (diario "El País") con la sugerencia de que ponga un diario en la Argentina. Jesús de Polanco respondió con una noticia: quiere quedarse con "Telefé" y radio "Continental", hoy en manos del grupo Telefónica.
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El dueño de «El País» contó cómo en su momento intentó adquirir la marca de su periódico en la Argentina y que la terminó comprando a Guadalupe «Lupita» Noble, la hija de Roberto Noble, el fundador de «Clarín». Acaso Kirchner desconocía también -fue lo que quedó en evidencia-las vinculaciones empresariales entre De Polanco y el monopolio «Clarín». Pero quedaron claras cuando el español le dijo: «No tengo pensado por ahora un diario en la Argentina, pero ya hablaré del tema con Héctor Magnetto cuando me encuentre con él aquí en Madrid, en mayo».
Algunos de los que escucharon la conversación quedaron con la idea de que Kirchner estaría soñando con que un multimedios nuevo fragmente el mercado de prensa en la Argentina. Con lo cual Magnetto, cuyos medios tanto colaboraron en cortar el paso a Carlos Menem y acercar a Kirchner al poder, quedaría en la misma situación de Eduardo Duhalde, de padrino desairado.
•Tarifas
De ser así, De Polanco resultó-más consecuente. Con Manuel Pizarro, el titular de Endesa (controladora de Edesur), la conversación fue por áreas igualmente sensibles. En concreto, se habló de la necesidad de mejorar el nivel tarifario. Pizarro sabe que Kirchner no tolera esa insinuación, amparado en que «no puedo sacrificar popularidad ante la clase media en un momento en que el país está todavía tan irritado». Por eso, el empresario ingresó en el tema por otra vía: «Presidente, las empresas eléctricas requieren inversiones, y las inversiones hay que programarlas con tiempo, se hacen antes de que aparezcan los problemas y para eso hacen falta recursos. Si no, pueden aparecer inconvenientes técnicos que degeneran en crisis por falta de suministro».
Kirchner se incorporó en su asiento e interrumpió: «Mire, si nos quedamos sin electricidad, se quedarán sin empresa». Para calmar los ánimos, se interpuso Julio De Vido, el ministro de Planificación, quien explicó a su jefe que Pizarro no estaba ensayando una extorsión o una amenaza. No en vano había hablado con el español largamente antes de sentarlo en la mesa del Presidente. Como en el caso de las petroleras, a la eléctrica se les adelantó que podría estudiarse una mejora en los ingresos por la producción de energía, siempre y cuando no se traslade a precios. Además, se les recordó que cuentan con combustible subsidiado, precisamente por el bajo precio del gas. A propósito del gas, las conversaciones de De Vido con las distribuidoras fueron infructuosas. Sobre todo, por la salida técnica que pretende darle al problema principal del invierno: la eventualidad de un corte en el suministro por efecto de una excesiva demanda de gas, derivada a su vez de que, a raíz del bajo precio, toda la industria y buena parte del transporte han decidido servirse de ese combustible.
El ministro de Planificación se negó a hablar de suba de tarifas para el transporte o la distribución domiciliaria del gas. En cambio, propuso interrumpir el suministro de gas natural comprimido (GNC) para ahorrar de ese insumo, lo que obligaría a buena parte del parque automotor a volver a las naftas, más caras. Pero la interrupción de ese suministro implicaría a su vez establecer dispositivos técnicos en las estaciones de servicios que serían luego imposibles de controlar por el Estado.
El laberinto energético parece mortificar al gobierno, salvo que se produzca lo que -en el fondo-cree Kirchner: que lo están corriendo con la posibilidad de un corte imaginario para arrancarle una mejora en las tarifas. Con Telefónica, en cambio, la relación fue solamente social. Concurrió a visitar a Kirchner el presiente, César Alierta, quien estuvo en la residencia del embajador una hora antes de lo previsto, en señal amigable. En la conversación no se habló de tema enojoso alguno y, en cambio, se ratificó la operación adelantada por De Polanco. Hay que recordar: Telefónica está, como dijo Kirchner, entre las empresas «que entienden».




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