30 de enero 2004 - 00:00

Pedido

¿Sueña este presidente -como algunos antecesores en el cargo- tener un grupo de medios propio? Ayer Néstor Kirchner sorprendió al veterano propietario del grupo Prisa (diario "El País") con la sugerencia de que ponga un diario en la Argentina. Jesús de Polanco respondió con una noticia: quiere quedarse con "Telefé" y radio "Continental", hoy en manos del grupo Telefónica.

Madrid - Para alguien que presta atención microscópica a los medios de comunicación y que intenta controlar con cierta ingenuidad lo que se dice y se escribe sobre él, una entrevista con Jesús de Polanco, el titular del conglomerado de comunicación más importante que tiene España, puede tratarse de un encuentro cumbre, aleccionador y memorable. Es lo que habrá sentido ayer Néstor Kirchner, cuando recibió la visita del editor, dueño del diario «El País», la cadena SER y una decena de publicaciones periódicas que se agrupan bajo el sello Prisa.

De Polanco llegó a la residencia de la calle Fernando el Santo, sede de la embajada argentina, acompañado por Juan Luis Cebrián, el periodista estrella y hoy director de su grupo editorial. Alrededor de Kirchner estaban todos los integrantes de su comitiva, quienes también suelen ver en los medios de comunicación al principal factor del proceso político. Arrancó mal, sin embargo, el encuentro. Y no porque el veterano De Polanco manifestara el enojo que le produjo, en la anterior visita presidencial de julio pasado, el rigoreo que le impuso Kirchner junto con el resto de los empresarios. En aquella oportunidad, comentó a un íntimo: «Nunca he hecho un negocio en la Argentina más que mi editorial Santillana, ¿qué tengo que estar escuchando yo que me llevé plata de más o que tuve que ver con lo que sucedió en los '90?».

•Crítica

No, el entredicho pasajero tuvo que ver con que el Presidente decidió iniciar la conversación elogiando a José María Aznar. Enseguida se dio cuenta de que De Polanco no era, como había presumido, un admirador del gobierno. Cuando escuchó que «Aznar ha hecho crecer a España 35% en 8 años...», el poderoso empresario contrarrestó: «El mérito del desarrollo económico de España fue, principalmente, de Felipe González.

Aznar es un hombre enjuto, que ha crispado a España en una convocatoria al enfrentamiento permanenteque exhumó lo peor del franquismo. Por suerte, ahora el candidato del PP (Mariano) Rajoy es más pluralista y habrá de restablecer la convivencia». Alcanzado ese primer desacuerdo (que en el caso de Kirchner fue más producto del error que de la convicción), se llegó al otro. Aunque, en este caso, no lo protagonizaron el Presidente ni su invitado, sino sus cancilleres, Rafael Bielsa y Cebrián. «Con el Presidente, tenemos una diferencia importante y es que a él le gusta Mario Benedetti y a mí no», dijo el ministropoeta.

Cebrián, que como se verá estaba en función de lobbysta, no se dejó llevar por la estética tanto como por la conveniencia: «Bueno, yo también estoy con el Presidente». Kirchner sacó pecho, se mofó de su canciller y se comenzó a hablar de negocios. En efecto, De Polanco y Cebrián comentaron a Kirchner que tienen interés y esperan que el gobierno coopere con los trámites técnicos que regula el COMFER, en adquirir el canal «Telefé» y «Radio Continental», hoy en manos de Telefónica. Si bien las relaciones entre Prisa y Telefónica no han sido siempre buenas, esta vez coincidieron: a De Polanco le interesa extenderse en el negocio radiofónico por toda Latinoamérica. Kirchner fue más allá. No solamente le dio tranquilidades sobre el resultado de esa operación, sino que, además, lo tentó: «Don Jesús, ¿por qué no hace un diario en Buenos Aires?».

El dueño de «El País» contó cómo en su momento intentó adquirir la marca de su periódico en la Argentina y que la terminó comprando a Guadalupe «Lupita» Noble, la hija de Roberto Noble, el fundador de «Clarín». Acaso Kirchner desconocía también -fue lo que quedó en evidencia-las vinculaciones empresariales entre De Polanco y el monopolio «Clarín». Pero quedaron claras cuando el español le dijo: «No tengo pensado por ahora un diario en la Argentina, pero ya hablaré del tema con Héctor Magnetto cuando me encuentre con él aquí en Madrid, en mayo».

Algunos de los que escucharon la conversación quedaron con la idea de que Kirchner estaría soñando con que un multimedios nuevo fragmente el mercado de prensa en la Argentina. Con lo cual Magnetto, cuyos medios tanto colaboraron en cortar el paso a Carlos Menem y acercar a Kirchner al poder, quedaría en la misma situación de Eduardo Duhalde, de padrino desairado.

•Tarifas

De ser así, De Polanco resultó-más consecuente. Con Manuel Pizarro, el titular de Endesa (controladora de Edesur), la conversación fue por áreas igualmente sensibles. En concreto, se habló de la necesidad de mejorar el nivel tarifario. Pizarro sabe que Kirchner no tolera esa insinuación, amparado en que «no puedo sacrificar popularidad ante la clase media en un momento en que el país está todavía tan irritado». Por eso, el empresario ingresó en el tema por otra vía: «Presidente, las empresas eléctricas requieren inversiones, y las inversiones hay que programarlas con tiempo, se hacen antes de que aparezcan los problemas y para eso hacen falta recursos. Si no, pueden aparecer inconvenientes técnicos que degeneran en crisis por falta de suministro».

Kirchner se incorporó en su asiento e interrumpió: «Mire, si nos quedamos sin electricidad, se quedarán sin empresa». Para calmar los ánimos, se interpuso Julio De Vido, el ministro de Planificación, quien explicó a su jefe que Pizarro no estaba ensayando una extorsión o una amenaza. No en vano había hablado con el español largamente antes de sentarlo en la mesa del Presidente. Como en el caso de las petroleras, a la eléctrica se les adelantó que podría estudiarse una mejora en los ingresos por la producción de energía, siempre y cuando no se traslade a precios. Además, se les recordó que cuentan con combustible subsidiado, precisamente por el bajo precio del gas. A propósito del gas, las conversaciones de De Vido con las distribuidoras fueron infructuosas. Sobre todo, por la salida técnica que pretende darle al problema principal del invierno: la eventualidad de un corte en el suministro por efecto de una excesiva demanda de gas, derivada a su vez de que, a raíz del bajo precio, toda la industria y buena parte del transporte han decidido servirse de ese combustible.

El ministro de Planificación se negó a hablar de suba de tarifas para el transporte o la distribución domiciliaria del gas. En cambio, propuso interrumpir el suministro de gas natural comprimido (GNC) para ahorrar de ese insumo, lo que obligaría a buena parte del parque automotor a volver a las naftas, más caras. Pero la interrupción de ese suministro implicaría a su vez establecer dispositivos técnicos en las estaciones de servicios que serían luego imposibles de controlar por el Estado.

El laberinto energético parece mortificar al gobierno, salvo que se produzca lo que -en el fondo-cree Kirchner: que lo están corriendo con la posibilidad de un corte imaginario para arrancarle una mejora en las tarifas. Con Telefónica, en cambio, la relación fue solamente social. Concurrió a visitar a Kirchner el presiente, César Alierta, quien estuvo en la residencia del embajador una hora antes de lo previsto, en señal amigable. En la conversación no se habló de tema enojoso alguno y, en cambio, se ratificó la operación adelantada por De Polanco. Hay que recordar: Telefónica está, como dijo Kirchner, entre las empresas «que entienden».

Dejá tu comentario

Te puede interesar