Petróleo: ¿se está creando una burbuja?
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De 1885 a 1999, los precios de crudo promediaron los 18 dólares el barril. Las inversiones en costosos yacimientos petrolíferos y en nuevas refinerías se volvieron no rentables. Las empresas redujeron los presupuestos. Mientras tanto, casi todo el mundo subestimó la demanda. Impulsada por China, ésta aumentó mucho más rápidamente después de 2000.
Los grandes actores son los inversores institucionales: los fondos de pensiones, los fondos de alto riesgo (vagamente regulados) y los bancos de inversiones.
Estos inversores han comprado contratos de futuros de petróleo y, en efecto, apuestan a que los precios en seis meses o un año excederán los precios actuales.
Desde 2002, las inversiones en futuros quizás se han quintuplicado a más de 100.000 millones de dólares, estima el economista especializado en energía Philip Verleger Jr., y generalmente han excedido los precios del momento.
No está claro en qué medida esta especulación pudo llegar a elevar los precios, si es que lo hizo. El informe menciona cálculos que van de 7 a 30 dólares por barril. En teoría, el proceso podría alimentarse a sí mismo y crear una enorme burbuja.
Pase lo que pase, deberíamos evitar la fácil conclusión de que los especuladores incrementaron artificialmente los precios del petróleo. En verdad, especulaban contra riesgos reales: el riesgo de que el petróleo del Golfo Pérsico no llegue, de que los huracanes del Golfo de México dañen las refinerías y los pozos de petróleo norteamericanos; de que los acontecimientos políticos en otras partes (en Rusia, Nigeria, Venezuela) reduzcan el suministro. El petróleo es esencial e incierto. Un país con sentido común minimizaría esta incertidumbre economizando su uso (mediante impuestos y regulaciones de combustible más estrictas) y desarrollando sus propios recursos. Hace años que deberíamos haber multiplicado nuestros esfuerzos; deberíamos hacerlo ahora.
* Robert Samuelson es analista del diario «The Washington Post».



