18 de abril 2002 - 00:00

Plan de 1990 pagó 20% en dólares

Vuelve el plan BONEX, con algunas diferencias con el que aplicó Antonio Erman González cuando era ministro de Economía de Carlos Menem.

El 2 de enero de 1990, el gobierno justicialista decidió devolver a los ahorristas de plazo fijo hasta $ 1 millón en efectivo y el resto en BONEX de la serie 1989 a 10 años.

Un chiste de la época transformaba la recordada frase de Eva Duarte de Perón en «Volveré y seré un millón; el resto, BONEX».

La paridad de los BONEX cuando se aplicó el plan era de 52%, muy baja. La medida afectó a u$s 2.500 millones, que eran todos los plazos fijos que había en el sistema, es decir menos de 5% de lo que quedó atrapado el año pasado en el «corralito».

Esto tiene una explicación. Había alta inflación y todos los plazos fijos se hacían a no más de 7 días a tasas elevadísimas. El plan de Erman González reprogramó compulsivamente todos estos depósitos a 10 años.

Los depósitos en cuenta corriente y caja de ahorro (depósitos a la vista) se respetaron y se devolvían en efectivo si la gente así lo deseaba. Eran alrededor de u$s 2.000 millones.

A lo largo de 1989 el dólar había subido 12.000 por ciento y la Bolsa cerca de 18 mil por ciento. La tasa de interés, el día hábil previo a tomar la medida del plan BONEX, había llegado a ¡675 por ciento mensual! La cadena de pagos estaba absolutamente quebrada.

• Oferta excesiva

El BONEX se derrumbó aun más apenas se lo entregaron a los ahorristas ya que hubo una oferta excesiva. Fueron u$s 3.000 millones en láminas a valor nominal, es decir tomando a u$s 100 cada una. Con estos títulos no sólo se cubría a los ahorristas, también se pagaba deuda interna en australes que vencía en los siguientes dos años por un valor de u$s 1.200 millones. Al principio, el BONEX cotizó a 19% de su valor, algo parecido a lo que cotizan hoy los títulos públicos argentinos con el país en default.

La baja cotización del BONEX no tomaba en cuenta que el título venía con un cupón de intereses de tasa LIBOR equivalente a 8,375% anual. Era tan grande la desconfianza que nadie se fijaba en la renta.

Por el lado del gobierno el comienzo fue negativo, porque esperaban que el BONEX '89 cotizara a 50% de su valor. Sin embargo, al final de ese mes, enero 1990, el BONEX subió a 37% y a fin de se año los ahorristas estaban equilibrados.

El gobierno en el camino había tomado algunas medidas acertadas como
permitir que las empresas los contabilizacen a 100% de su valor durante dos años si los mantenían en su poder. Esto mejoraba sus balances y acotaba la oferta de títulos. Además se permitió hacer depósitos de estos títulos que tenían un buen mercado secundario de alquiler, para darlos en garantía de préstamos.

Después de marzo de 1991 cuando aparece la convertibilidad, los ahorristas
comenzaron a ganar porque el BONEX superó la paridad de 70%. El sufrimiento de los ahorristas duró poco más de un año y además ganaron 20% en dólares.

Los BONEX reconocían tribunales en Nueva York si se los dejaba de pagar y eran considerados deuda externa. Los títulos que da ahora el gobierno no tienen esta garantía para cubrirse de un impago.
Todo depende de la buena voluntad de los gobiernos que sucedan a éste.

Por otra parte, a pesar de ser en aquel momento una serie nueva, los BONEX '89 tenían una buena historia de cumplimientos. Ningún BONEX de series precedentes dejó de ser pagado desde su primera emisión a principios de 1980. En aquellos años la deuda en BONEX no era grande, porque la deuda externa estaba concentrada en los bancos extranjeros y los organismos multilaterales. Se le debía a los bancos, al FMI, al Banco Mundial, al Club de París, al BID, etc., pero ninguno tenía bonos por estas acreencias, sino pagarés firmados por la Argentina. Los títulos públicos en circulación eran pocos. La historia cambió años después con el plan Brady cuando toda esa deuda se transformó en bonos y se colocó entre el público.

De todas maneras, la diferencia más grande entre aquel plan BONEX y éste es que en 1990 el sistema financiero tenía muy pocos depósitos, tan pocos que no hubo cacerolazos.

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