En un punto muy oportuno de la semana se generó un rebote de proporciones en el área de Wall Street, irradiando cierta bonanza temporal a los mercados menores, donde todos pudieron llevarse una porción. Aun los indigentes, como nosotros, vieron convivir un riesgo-país por encima de los 910 puntos e insoportables tasas de interés, con una Bolsa que tuvo acciones subiendo más de 4 por ciento en promedio ponderado. Tan heterogéneo como poco confiable, sumado a otro factor esencial -el volumen-, que no se dignó a responder decorosamente al sostén de semejante rebote. Apenas hubo unos $ 14 millones de efectivo, con otros $ 4 millones de CEDEAR, lo que equivale a decir que se careció de expansión en órdenes tomadoras, pasando todo por una puntual «crisis de oferta» y resta de papeles en las plazas, posibilitando que con muy poco se dieran saltos notables. Una fecha inarmónica y muy evidente en cuanto a haberse sumado al convoy del Norte, y nada más. Un racimo amplio de líderes se desplegó con 4%/5% de aumento, teniendo a una de las tres claves del índice como figura del día: Telecom, con más de 6%.
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Se tocó máximo de 450 en el Merval amplio, con cierre en 448, mientras el local cerró en 411, con 4,4 por ciento de alza. Por allá esperan a la Fed y un nuevo salvavidas; todos se aferraron a lo mismo: una apuesta que habrá que ver si sale bien. Nada cambió aquí de fondo, pero el rebote otorgó una bocanada de oxígeno. Y se precisaba. Un día colorido.
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