14 de diciembre 2005 - 00:00

Pocos pudieron festejar en pleno

Pocos pudieron festejar en pleno
Nos acercamos al fin de una era en la historia de la Reserva Federal. Algunos podrán pensar que lo decimos por la salida de Alan Greenspan, pero más bien nos estamos refiriendo a la política de ajuste de tasas. Sea porque parte de la realidad económica se impone, por el deseo de que su gestión termine con un dulce sabor en la boca de los inversores, o por mera cortesía con su sucesor, el actual presidente de la Fed y sus conmilitones del Comité Abierto decidieron ayer bajarle el tono de manera significativa al informe que acompaña sus habituales reuniones. Leyendo entre líneas es poco probable que el 31 de enero el costo del dinero para el sector bancario no suba un poco más. Pero de ahí en adelante muchos ven un cielo límpido y azul. Donde en el cielo seguramente no ayudó fue en el noroeste del país, ya que una nueva tormenta de nieve sirvió como excusa para que el petróleo trepara a u$s 61,37 por barril, desafiando la mejora del dólar frente al yen (120,12), y la previsible merma en la tasa de los treasuries a 10 años que quedó en 4,523%. Por las dudas, mejor no apostar demasiado, o al menos esto es lo que pareció decir el Dow que, luego de permanecer prácticamente sin cambios hasta las dos de la tarde, salto 0,96% arriba, desbarrancándose en la última hora hasta acotar la mejora tan sólo 0,52% (cerró en 10.823,72 puntos merced a la aparición en los últimos 15 minutos de los "vendidos en descubierto"). Si lo que vimos fue la señal de largada para el demorado/inexistente "rally de Navidad", es claro que no se festejó de lleno. ¿El oro? Atención, tocó u$s 540 y reculó a u$s 524,10.

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