La Argentina no logra controlar las consecuencias internacionales del manejo de la crisis energética. A esta altura, es una realidad imposible de ocultar el conflicto con Chile por este tema. Los funcionarios de ese país reiteraron ya críticas públicas al gobierno de Néstor Kirchner por no haber hecho «el máximo esfuerzo». Ministros de Ricardo Lagos incluso hablan sobre la interna entre el ala política del gobierno argentino y Roberto Lavagna, que les habría dado la razón en privado. Para peor, ahora también Paraguay quiere revisar la política energética con la Argentina a partir de reformular el contrato por Yacyretá. Algo bueno: el 13 de abril Bolivia se comprometerá a exportar gas por cinco años, con lo que se asegura que por lo menos habrá combustible para abastecer el consumo interno.
El gobierno chileno embistió ayer directamente, pero con diplomacia, sobre la gestión de Néstor Kirchner por el manejo de la crisis energética que llevó a la reducción en las exportaciones de gas natural desde la Argentina hacia ese país. Dos de los ministros más importantes del gabinete del socialista Ricardo Lagos (el de Interior, José Miguel Insulza, y la de Relaciones Exteriores, Soledad Alvear) fueron ayer los que criticaron a la Argentina por el tema energético. También se conoció ayer que el ministro de Economía chileno, Nicolás Eysaguirre, hizo público que en las últimas horas llamó a Roberto Lavagna para pedir explicaciones y que el argentino reconoció que está «sumamente preocupado» por el conflicto que se generó entre los dos países.
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En el caso de Insulza, uno de los políticos más influyentes de Chile más allá de la cartera que ocupa actualmente, acusó a la gestión de Néstor Kirchner de no haber hecho el «máximo esfuerzo» necesario para evitar esta situación.
Según Insulza, que había sido canciller chileno en la gestión de Eduardo Frei cuando se firmó el acuerdo para la exportación de gas a Chile, «los acuerdos internacionales se basan en la buena fe. La buena fe significa que cada país hace el máximo esfuerzo por cumplir los acuerdos de manera integral, y con lo que no estamos satisfechos es que no se haya hecho el máximo esfuerzo». El funcionario dijo, además, que la confianza entre ambos países «se trizó» a causa de este problema.
• Acusación
Por su parte, Soledad Alvear, una dirigente también socialista que aspira a ser la candidata oficial para suceder a Lagos, acusó a la Argentina de un «trato discriminatorio» en el suministro de gas argentino. Para la canciller, «entendemos que Argentina está viviendo un problema. Sin embargo, nosotros queremos ser parte en la búsqueda de la solución y que no exista un trato discriminatorio».
La decisión que alteró las relaciones entre los dos países fue la del gobierno de Kirchner de reducir desde el pasado 1 de abril en 2,3 millones de metros cúbicos diarios sus exportaciones de gas a Chile, cuya generación eléctrica depende en 25,1 por ciento de ese combustible. Para Alvear, «pensamos que los tratados y compromisos es bien importante cumplirlos y, en esa perspectiva, esperamos que tenga una respuesta la carta que el secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía ( Luis Sánchez Castellón) entregó el viernes pasado, y en esa dirección encontrar una solución».
Chile pidió a la Argentina información para «manejar adecuadamente» las reducciones en los envíos de gas y «la corrección» de las resoluciones que han afectado el suministro de gas al país, que en opinión del gobierno incumplen los acuerdos firmados. Eyzaguirre reiteró ayer que la crisis del gas en la Argentina no dañará la economía del país ni el bolsillo de los chilenos. Para el ministro, que ya había criticado a la Argentina la semana pasada, «no es nuestra impresión que la crisis nos vaya a afectar», dijo, y agregó que en el peor de los casos, si hubiese que recurrir a la sustitución de gas por petróleo o carbón, habría sólo «una pequeña incidencia» sobre las tarifas. Eyzaguirre dijo que se contactó con su par argentino, Roberto Lavagna, y le hizo ver que «no es solamente un tema puntual, sino que tiene que ver con el carácter de la integración y es un tema estratégico». Agregó que Lavagna está «sumamente preocupado» por la situación y opinó que hay que entender que el gobierno argentino «tiene un problema interno de difícil solución, por cuanto con el crecimiento que ha tenido la economía argentina, la demanda de energía está excediendo con creces la capacidad de producción».
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