Cierta preocupación reina en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva al acentuarse la pulseada entre el Banco Central y el mercado por el valor del dólar. Días atrás, la entidad sorprendió con el dato de que las posiciones vendidas en dólares de los bancos aumentaron en noviembre a u$s 3.420 millones desde los u$s 1.720 millones de octubre. Que un banco tenga una posición vendida en dólares refleja una apuesta en la apreciación del real (o sea, caída del dólar). Pero lo que ya también preocupa al propio mercado es el volumen de los contratos del dólar futuro a favor del real que se negocian en Wall Street, conocidos como «Non Deliverable Forward» (NDF). Según estiman operadores de este mercado, los contratos ya suman más de u$s 75.000 millones.
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Cabe señalar que en noviembre estas operaciones ascendían a u$s 60.000 y en setiembre no llegaban a u$s 50.000 millones. Esta fuerte presión vendedora a favor del real no sólo explica la reacción del Central comprando divisas en el mercado presente y futuro para sostener el tipo de cambio, sino que, además, retroalimenta este círculo vicioso ante el diferencial de tasas de interés. «Lo que está haciendo el mercado es comprar reales a futuro, y esto profundiza la caída del tipo de cambio. La operatoria es sencilla: piden prestado dólares a 4,25%, los venden y compran reales colocándolos a 18% en Brasil; o bien directamente compran reales a futuro», señala un banquero.
Por eso se dice que el mercado está sobrevendido en reales y hay más interés en que siga cayendo el tipo de cambio.
El volumen de apuestas a favor del real inquieta a la central financiera y por ello el mes pasado, frente a un flujo cambiario positivo de u$s 2.800 millones, el ente monetario compró divisas por u$s 4.500 millones. Así y todo, el dólar cayó más de 2%.
La estrategia oficial de recomposición de reservas justifica la compra del flujo de divisas, pero no las posiciones vendidas de los bancos, lo cual potencia el interés de los especuladores por la fortaleza de la moneda brasileña. Otro dato que preocupó al directorio del banco fue el cierre de siete plantas de Bunge ante la pérdida de competitividad por la caída del tipo de cambio.
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