29 de mayo 2001 - 00:00

Privatización con problemas

La historia de la privatización de Aerolíneas Argentinas comenzó en 1989 con la idea de convertir a la línea aérea nacional de bandera en una empresa privada y rentable, algo que a los pocos meses ya estaba a punto de naufragar. José Roberto Dromi, por entonces ministro de Obras Públicas, fue el encargado de capitanear la operación. El 27 de diciembre de 1989, Menem firma el Decreto 1.591 que ordena la venta de 85% de la empresa por licitación pública internacional. Del resto, 5% permanecía en poder del Estado, manteniendo además una acción de oro con derecho a veto.

En marzo de 1990, los pliegos de licitación estaban listos. Se obligaba a una mayoría de capital nacional en los futuros dueños y a mantener la exclusividad de línea de bandera. En ese momento tenía bienes valuados en u$s 625 millones. No entraban en esa oferta los derechos de rampa y los freeshop, que fueron licitados por separado creándose Intercargo e Interbaires, que más tarde estuvieron en el centro de la pelea entre Domingo Cavallo y Alfredo Yabrán.

Los interesados originales en la compra, American Airlines, Varig y Alitalia, por distintas razones, en el momento de abrirse los pliegos habían desaparecido. Así el 6 de julio de 1990 sólo apareció una oferta de un consorcio formado por Iberia, que había participado después de arduas negociaciones con el gobierno de Felipe González, Austral y grupos de socios minoritarios. El 18 de julio se firma el decreto de adjudicación al único comprador, que la adquirió sin deuda.

• Cambio

Tres meses después de cerrada la operación, los nuevos dueños no habían entregado los títulos de deuda comprometidos ni habían constituido las garantías requeridas sobre el plan de inversiones en la empresa. La deuda de Aerolíneas empezaba a crecer, y hasta los $ 130 millones ofrecidos en efectivo terminaron pagándose con bonex 89 por un valor real de 55% de su valor nominal.

Mientras los fondos de la privatización no ingresaban al Estado, comenzó a cambiar la composición accionaria y se produjo una serie de incidentes en la seguridad debido al aumento de los vuelos y se denunció la disminución en el mantenimiento de los aviones. Comenzó la venta de aviones, sucursales en el exterior y se cancelan las rutas dentro de Europa. Las finanzas de la empresa empeoraban mes a mes y el endeudamiento se multiplicó.

Entre 1995 y 1997 la situación financiera de la empresa pareció mejorar, incluso en 1996 se consiguió un superávit de u$s 3 millones, pero hacia 1998 el balance dio una pérdida de u$s 60 millones. Ese año la SEPI, consorcio oficial español dueño de las empresas de ese Estado, cede la gestión de la empresa a American Airlines, que en ese momento contaba con 10% de las acciones de Aerolíneas. Los estadounidenses se comprometieron en ese momento a encontrar inversores interesados en adquirir la participación de la SEPI e Iberia en Aerolíneas. El 2000 encuentra a Aerolíneas con activos por u$s 70 millones y pasivos por u$s 900 millones. Se anuncia un plan «director» que incluía capitalizar la empresa y una reorganización interna. Se contratan aviones que habían pertenecido a Air France y otras líneas. Los sindicatos presentan un plan para hacerse cargo de la empresa que no es tenido en cuenta por el gobierno que sigue las negociaciones con Iberia y el Estado español. Poco después comienzan los conflictos gremiales.

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