Unos pocos dueños de grandes empresas, evitando los riesgos de utilizar Internet, reciben en mano un informe exclusivo impreso. Se trata de un análisis reservado, con «inside information» sobre la realidad económica, que contiene los datos que los funcionarios disfrazan y con pronósticos que contradicen el consenso de economistas.
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El informe de julio explica que en el primer semestre del año, la inflación real fue 9,6% contra la medición oficial de 3,9%. El corazón del problema macroeconómico de corto plazo, según el documento, es que el gobierno hace rato que no puede sostener la política expansiva sin generar una aceleración de la inflación. Las expectativas, la crisis energética, los costos crecientes y la puja distributiva son elementos que alimentan el problema central: el exceso de demanda producto de políticas fiscales, monetarias y cambiarias cada vez más expansivas.
Mientras la demanda viene creciendo a 9% anual, la oferta sólo lo hace a un ritmo cercano a la mitad. La brecha se cierra con aumentos en los precios. A su vez, la inflación disminuye el poder adquisitivo determinando que los salarios hayan perdido posiciones en términos reales en los primeros meses del año y sólo hayan sido transitoriamente compensados por los nuevos acuerdos salariales que empezaron a regir en los meses recientes.
Precios
El paper calcula que el aumento del índice de precios «verdadero» acumula en el primer semestre 9,6% y, de continuar esta tendencia, la inflación anual superaría holgadamente 15%. «Esta cifra puede ser mayor si el gobierno, más aún por el proceso electoral, continúa expandiendo el gasto público a un ritmo superior a 40% interanual y si el circulante que emite el BCRA sigue creciendo a 30% interanual, explica el documento. Si bien la situación fiscal se encuentra peligrosamente deteriorada, está lejos de los fenomenales desequilibrios de otros tiempos, tales que puedan llegar a financiar una corrida hacia el dólar mañana. Pero esto no significa que si no se toman medidas correctivas, el dólar no vuelva a ser el refugio habitual frente a la incertidumbre.
El trabajo plantea que la «verdadera» suba de precios está deteriorando el tipo de cambio. Como descarta que el gobierno, dado el proceso electoral, vaya a moderar el crecimiento del gasto público, presenta como escenario probable que el Banco Central se vea obligado a sostener artificialmente el precio de la divisa y que las presiones proteccionistas aumenten a medida que continúa la pérdida de competitividad. Todo ello no haría más que acelerar la inflación.
El problema es que la aceleración de la inflación genera tensiones en el mercado laboral; si a ello se agrega el aumento de los costos y la apreciación del tipo de cambio real, en un contexto de incertidumbre por la aceleración inflacionaria se explica por qué las inversiones tienden a retroceder. «En vez de incorporar turnos o ampliar la planta, los industriales optan por importar», dice el informe. Así, y según los datos del INDEC, las compras externas vienen creciendo a un ritmo tres veces superior a la producción doméstica (como en los «buenos» años de la convertibilidad).
Otro ejemplo claro de la pérdida de rentabilidad empresaria surge incluso de las cifras oficiales del INDEC. El gobierno se ocupa de «ocultar» el IPC, pero se ve que aún no tuvieron tiempo de «dibujar» otros números como, por ejemplo, la suba en el primer semestre de 11,1% que registran los insumos de la construcción, así como numerosos insumos industriales que figuran en los índices mayoristas.
El informe agrega otros datos relevantes como:
El aumento del Producto Bruto Interno en el año sería apenas superior a 6% contra 8% o más que prevén la mayoría de los economistas. Esta vez el pronóstico del REM va a superar el verdadero crecimiento.
Como consecuencia de la expansión del gasto público nacional y del retorno del déficit en distintas provincias, el sector público consolidado (es decir, el resultado de las cuentas de la Nación, los Estados provinciales y los municipios) ya este año no tiene más superávit global (incluyendo intereses).
El nivel de inversión no sólo no es suficiente para crecer sostenidamente a tasas importantes, sino que correctamente leída, aquélla es inferior a la que se publica.
El informe concluye con una advertencia importante para que la Argentina evite caer nuevamente en una crisis. Sostiene que en materia de política fiscal, el gobierno debería duplicar el superávit primario (sin tener en cuenta la mayor recaudación por traspasos del sistema privado) y establecer por ley un superávit fiscal para recuperar la sustentabilidad fiscal que se perdió.
El paper rescata las restricciones a los flujosde capitales de corto plazo, pero advierte que esta medida aislada sirve de poco y nada. Señala, además, que las economías que aplican restricciones al ingreso de capitales tienen a la vez una agresiva política de inversiones directas extranjeras que son las que contribuyen a mantener la competitividad.
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