Prometió Lavagna acuerdo con el FMI y reforma laboral
Se comprendió ayer claramente por qué el presidente Néstor Kirchner eludió un encuentro con empresarios en Francia y en su lugar envió a Roberto Lavagna a atender las preocupaciones de esos ejecutivos con intereses en nuestro país. El ministro de Economía apareció como el encargado de revelar la arista ortodoxa del gobierno, como hizo ayer en París cuando habló de aumento de tarifas y de una reforma laboral que -misterioso- dijo no poder difundir porque todavía no la conoce el titular del área, Carlos Tomada. De hecho, Lavagna ya tiene con éste un enfrentamiento por el anuncio del aumento de salarios de los privados, que no contempló su impacto sobre los deudores. El ministro Lavagna aseguró a los empresarios franceses que desde que gobernaba Eduardo Duhalde quiere implementar el postergado aumento de tarifas, pero que se lo ha impedido la Justicia. Sin embargo, insistió en que esa suba se tratará en el Congreso y que la hará el gobierno con poderes que le otorgarían los legisladores. Además, confió en que habrá un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional en setiembre, habló de esa nueva reforma laboral -ante empresarios que trasmitían la preocupación por tener empresas en la Argentina- y de la eliminación de retenciones a las exportaciones y otros impuestos distorsivos.
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Con fama de galán, Chirac (Monsieur Chi-Chi) se despide de Cristina y Néstor Kirchner en la puerta del Elíseo y antes de que caiga un chaparrón sobre París.
El diagnóstico.
Reformas.
Otras reformas.
Ante una pregunta del público, aprovechó que estaba fuera del país para decir que la reforma judicial empieza con la salida de Julio Nazareno y la entrada de su reemplazante -al que no mencionó-. Dijo que el gobierno cree que ese cambio en la Corte va a desencadenar más cambios en el resto de la Justicia porque el sistema nuevo de elección en la Corte indica que el Presidente no quiere Justicia adicta. Nadie dio la impresión de haber entendido nada.
• Reforma
Más sugestivo fue su anuncio de que tiene pensada una reforma laboral, pero que no puede decir nada aún porque se la pasó al Presidente y tampoco la conoce todavía el ministro del área, por lo cual decir algo sería indecoroso. «Pero próximamente voy a exponerles mi idea, que está en la dirección de lo que a ustedes les preocupa», dijo para aumentar el suspenso.
Tarifas.
El propio ministro introdujo el tema de la actualización de las tarifas que dijo sólo se frenaron expresamente entre abril y octubre de 2002, porque, si hubieran aumentado, se hubiera agravado el conflicto social por la presión de esa variable sobre los precios. Desde esa fecha, se han hecho ajustes de tarifas, pero los jueves los han frenado. La ley que está en el Congreso le dará el Ejecutivo la facultad de aumentar, o no, aprobación que se reserva final-mente el congreso, pero sin entrar en la discusión de esa decisión. «La crisis ha hecho que la Argentina sea un país donde los jueces toman medidas económicas. Eso se acaba con la ley, pero tampoco los legisladores van a estar decidiendo sobre cómo aumentar. Sólo dirán sí o no.» El ministro habló más de esto en respuesta a una pregunta del representante de EDF, el grupo que es socio de Edenor. Este se quejó de que, si no había solución, comenzarían los problemas de suministro de electricidad porque no se pueden pagar las inversiones. Para eso, dijo hay que terminar con los frenos judiciales a los aumentos. Lavagna le recordó que esas empresas decían el año pasado que si no aumentaban se caían del mercado.
«Es cierto que se había caído el consumo y nadie pagaba, pero ahora llevan 3 o 4 meses de recuperación, la gente empieza a pagar sus deudas, ustedes ya no piden dinero a sus casas matrices y hasta están empezando a pagar su deuda, la demanda aumenta. La revisión está marcha, ya nombré a la persona que me va a representar en la renegociación de contratos, lo mismo ha hecho el ministro Julio De Vido, de Infraestructura. No se pueden quejar», dijo el ministro. A otra pregunta del representante de Societé Générale (bancos), Lavagna recordó que los contratos deben ser revisados porque se cayó la convertibilidad. «Pero no se preocupen -rió-, no vamos a dejar que los legisladores pongan la tarifa. Se imaginan lo que sería, ¿no?» Acerca del Mercosur, echó sombras sobre el gobierno de Menem, a quien le atribuyó una preferencia por las relaciones con los EE.UU. y a que la convertibilidad hacía difícil la integración con los demás países que tienen cambio libre. «Igual el Mercosur resistió y ahora se agrega la buena relación que hay entre los nuevos presidentes del Brasil y de la Argentina; son muy amigos», explicó como si aportase algún mecanismo serio. Aclaró que el Mercosur no quiere ser un área de protección, sino una herramienta de negociación externa, primero que todo con el resto de continente que discute el ALCA.
Deuda.
La primera pregunta de uno de los empresarios recayó sobre los compromisos externos: «Ministro, ustedes no han pronunciado la palabra mágica, deuda». Lavagna rió en la respuesta: «Esperaba esto de los alemanes, japoneses o italianos, pero no de ustedes». Explicó que la convertibilidad se había mantenido siete años más allá de lo conveniente y que se sostuvo con deuda con organismo y en bonos tomados por el público. «El default -aclaró- se declaró en diciembre de 2001, y del total de la deuda estamos renegociando 45%, que está integrado por 150 tipos de bonos y las catorce monedas provinciales. Ese panorama es muy complejo, hay tasas y plazos distintos en cada caso. Para eso contamos con el asesoramiento de una firma francesa, Lazard Frères, que nos permitirá hacer la primera propuesta en setiembre, cuando se reúna el FMI en la asamblea de Dubai.»
«En algunos casos, habrá quita de capital con menos plazos, y viceversa en otros. En esto los tenedores de títulos tienen que pensar como los ahorristas de los bancos, que deben absorber alguna pérdida. Como en el caso de la devolución de los depósitos -agregó Lavagna-, la propuesta no será compulsiva; se les va a ofrecer un menú de posibilidades. En el caso de los tenedores menos complejos, como los ahorristas de Japón, Alemania o Italia, tomaron esa deuda, aconsejados por sus propios bancos, y son los más difíciles de enfrentar, pero tendrán también opciones distintas para elegir.»
Para terminar de tranquilizar a la platea, el ministro dijo que el país, pese al default, había seguido pagando deuda y que se habían dedicado montos a esos compromisos que podrían haber ayudado a aumentar los planes Jefas y Jefes de Hogar, lo cual demuestra -se agrió Lavagna- que los organismos no cumplen su misión de proponer programas anticíclicos.
Compensaciones a bancos.
Una pregunta del representante de Societé Générale acerca del compromiso de la pesificación asimétrica sobre los balances bancarios le dio oportunidad a Lavagna de insistir en el conocido argumento de que los bancos están llenos de dinero, pero que no lo prestan porque no quieren. «Esa pesificación tuvo un costo de unos $ 10.000 millones; hay un bono para compensar en parte esa pérdida, pero los jueces, que han ayudado a que haya pérdidas, también han intervenido en esto.» «En la Argentina -repitió la chicana-, el sistema está extremadamente líquido y el tiempo va a solucionar todo.» En esto, presionó a los locales: «Los bancos internacionales son más cautelosos en dar créditos; en cambio, los bancos nacionales son menos cautelosos».
Discriminación de multinacionales.
Una de las últimas preguntas fue del director del área fiscal del MEDEF y fue una queja, porque el gobierno ha dicho que los extranjeros evaden más que los argentinos. Lavagna negó que haya fiebre nacionalista en el país. En la Argentina hay 40% de evasión, pero eso no se usa contra los extranjeros, dijo, «en un país donde el Banco Central decía que teníamos el sistema bancario más fuerte del mundo porque había bancos extranjeros cuyas casas centrales respaldarían los fondos, algo que no ocurrió cuando sobrevino el flight to quality». «Por el momento -sonó casi como una amenaza-, no hay reacción nacionalista en la Argentina, pese a eso.»




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