Las próximas discusiones sobre el superávit fiscal que deberá alcanzar la Argentina para 2005 y 2006 pasaron de un plan económico a uno semántico entre el equipo económico y el FMI: el debate está ahora en el concepto incluido en el punto ocho del acuerdo, que establece la necesidad de «extender la tendencia» iniciada en 2002 y reforzada en 2003 y 2004 en materia de ahorro fiscal.
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Según la visión del ministro de Economía, Roberto Lavagna, y su equipo, la lectura de este párrafo significa el compromiso a avanzar con un aumento del monto nominal del superávit. En 2003 llegó a $ 8.677 millones, este año el compromiso subió hasta $ 10.000 millones (pero sería revisado hacia arriba en $ 700 millones adicionales por el mayor aumento del PBI que el previsto) y para 2005 el monto de ahorro será una cifra sustancialmente superior, debido a que la economía seguirá creciendo. Pero este aumento se consigue aún sin moverse de 3% de PBI, el mismo nivel comprometido para este año.
La posición del FMI es la opuesta. Según la lectura del organismo, el compromiso que tomó el gobierno pasa por un aumento «real» de la meta del superávit, esto es un nivel mayor a 3% del PBI estipulado en el acuerdo de setiembre del año pasado para 2004.
Este fue uno de los temas que ya estuvieron discutiéndose el fin de semana en Washington en los encuentros de funcionarios argentinos con el ala política del FMI, incluyendo a la directora gerente interina, Anne Krueger. Lavagna dejó claro que la discusión por el superávit recién deberá desarrollarse en junio, pese a las presiones que se recibieron para adelantar los tiempos. «Nuestra posición es la misma de siempre. Queremos que se respete a rajatabla lo que establece el acuerdo», señaló el ministro.
Sin embargo, antes habrá varias pistas respecto de la postura que quiere adoptar Economía. Una de ellas la dará el nuevo estudio de sustentabilidad para el pago de la deuda que están elaborando técnicos del ministerio. Allí establecerán que el nivel de superávit fiscal comprometido es de 3% para los próximos años, tras lo cual se determinará cuánto es lo que el país está en condiciones de ahorrar para hacer frente al pago de la deuda, tanto la «performing» (con los pagos cumpliéndose al día) como los bonos que están en default. El resultado es esperable: con un nivel fijo de superávit, crece el monto ahorrado año a año, pero muy lentamente.
Justamente, uno de los párrafos del famoso «punto ocho» establece que el superávit «debe alcanzar niveles suficientes para cubrir los pagos netos de la deuda que se encuentra en estado normal y con los acuerdos de reestructuración de la deuda a los que pudiere llegarse».
Además, para agosto se redactará el proyecto de presupuesto para 2005 que a mediados de setiembre deberá ser enviado al Congreso. En ese texto también quedará estipulado el nivel de superávit fiscal que está dispuesto a admitir el gobierno.
Dentro de esta discusión, Lavagna quiere hacer valer el último párrafo del punto polémico firmado con el FMI, que establece que el ahorro fiscal al que se llegue debe cumplir con «los objetivos de crecimiento, empleo y equidad social».
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