¿Qué está en juego en Cancún?
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• Ganancias
En ausencia de medidas significativas de parte de los países ricos, los países en desarrollo son reacios a abrir aun más sus mercados o a abordar sus propias barreras comerciales, lo cual reduciría el precio de las importaciones, aumentaría la productividad y contribuiría a ampliar las exportaciones. Puesto que ya han dado grandes pasos hacia la apertura de sus mercados, los países pobres desean ver primero una acción recíproca de parte de las naciones desarrolladas.
Sin embargo, el comercio es una calle de dos vías y el destino de la Agenda de Doha no está solamente en manos de los países ricos. Todos tendrán que asumir sus respectivas responsabilidades y dar de su parte para que el negocio del desarrollo tenga éxito.
El nivel del proteccionismo agrícola de los países de ingresos medios es por lo general menor y menos distorsionador, pero los aranceles promedio en todos los sectores son más altos y hay más restricciones para los servicios. A medida que el comercio entre los países del Sur adquiera mayor importancia, esta protección no sólo socava a los socios comerciales pobres, sino que también tiende a debilitar el crecimiento de su propia productividad. El promedio de los aranceles que enfrentan los exportadores de América latina en su propia región es siete veces más alto que la cifra que rige en los países industrializados. Por tales motivos, es evidente que los países en desarrollo tienen mucho que ganar de su propia liberalización.
Los países de ingresos bajos se beneficiarían del acceso no discriminatorio a todos los mercados para aquellos productos en los que tienen una ventaja comparativa (más que preferencias especiales a algunos mercados y exenciones de las reglas), si se adoptara un calendario adecuado para aplicar las regulaciones internacionales, y a partir de la asistencia para el desarrollo, se les ayudara a implementar reformas comerciales y a hacer frente a los posibles costos del ajuste. Asimismo, estos países pueden utilizar el comercio para mejorar su propia productividad interna abriendo sus mercados en el contexto de un programa de crecimiento y reducción de la pobreza correctamente diseñado.
Sin embargo, la reducción de las barreras comerciales no es suficiente. El comercio debe formar parte de una estrategia de desarrollo nacional de mayor alcance que incluya temas de política macroeconómica, infraestructura, educación y salud, así como una gobernabilidad responsable y abierta. Un pequeño ejemplo lo constituye la reforma de los procedimientos aduaneros tanto para importadores como exportadores, por cuanto la reducción de un día de los tiempos de tránsito en puertos y aduanas tiene casi el mismo valor que reducir en 1% los aranceles.
• Compromiso
El Banco Mundial está comprometido en el apoyo a un resultado que favorezca a los pobres en Doha ayudando a los países en desarrollo a aprovechar cualquier nuevo acceso a los mercados que surja de las negociaciones multilaterales. Estamos adaptando las herramientas disponibles y creando nuevos programas que entreguen recursos a los países que deseen reformar sus sistemas comerciales, mejorar las instituciones relacionadas con el comercio e invertir en la infraestructura necesaria para llevar los productos de los pobres y de otros productores a todos los mercados.
Un resultado que favorezca a los pobres en la Agenda de Doha constituye sólo un paso adelante hacia un mundo que propicie el desarrollo, pero se trata de un gran paso. La comunidad internacional ha trabajado arduamente para tener esta oportunidad y las autoridades que están prontas a reunirse en Cancún no deben dejarla pasar.




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