9 de septiembre 2003 - 00:00

¿Qué está en juego en Cancún?

Los ministros de comercio de todo el mundo pronto se reunirán en Cancún, México, en la reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con vistas a revisar los avances y a negociar las siguientes etapas de la «Agenda de Desarrollo de Doha». Mientras se preparan, la pregunta que todos se hacen es si la «promesa de desarrollo» de Doha puede materializarse. ¿Tendrán los Estados miembros de la OMC el valor y la voluntad política suficiente para alcanzar compromisos que ayuden a sacar a millones de personas de la pobreza?

La ronda de conversaciones comerciales iniciada en noviembre de 2001 en Doha, Qatar, constituye la primera vez en que los intereses de los países en desarrollo se ponen en el centro de las negociaciones comerciales multilaterales. Pero durante gran parte de los últimos dos años, las negociaciones han estado estancadas en temas de importancia fundamental para los países en desarrollo: el acceso al mercado para productos agrícolas e intensivos en mano de obra; la propiedad intelectual de los medicamentos; y la naturaleza del tratamiento especial y diferenciado para los países en desarrollo. Si bien es alentador que Estados Unidos y la Unión Europea hayan acordado recientemente propuestas conjuntas para las negociaciones agrícolas, y también que la UE, EE.UU. y Canadá hayan arribado a puntos convergentes en cuanto al acceso a mercados no agrícolas, aún queda lo más difícil, puesto que la promesa que se hizo durante las conversaciones de Doha de un resultado que realmente propicie el desarrollo sigue estando en suspenso.

• Ganancias


Un «buen» acuerdo a favor de los pobres de Doha que reduzca los aranceles máximos y promedio, tanto en países ricos como en desarrollo podría producir hasta $ 520 mil millones de dólares de ganancias en los ingresos, con beneficios considerables tanto para las naciones ricas como para las pobres. Un acuerdo como ése aumentaría el crecimiento en los países en desarrollo y sacaría a 140 millones de personas más de la pobreza para antes del año 2015.

Sin embargo, la materialización de estas ganancias no será posible a menos que los ministros de comercio encuentren una vía para romper el estancamiento. Si bien esto requiere medidas de parte de todos los países, los ricos tienen que mostrar su liderazgo reduciendo el proteccionismo y dejando a un lado las políticas que disminuyen las perspectivas de crecimiento en los países en vías de desarrollo. Y lo que está en juego es mucho. Como promedio, las personas pobres que viven con $ 2 dólares o menos -más de 2,7 mil millones de seres humanos- enfrentan el doble de barreras comerciales en comparación con los habitantes ricos del mundo.

Por ejemplo, el total de los subsidios que los países ricos ofrecen a sus agricultores sobrepasa el PIB de Africa, mientras el apoyo total a los agricultores de la OCDE supera en seis veces el nivel de la ayuda extranjera.

• Reciprocidad

En ausencia de medidas significativas de parte de los países ricos, los países en desarrollo son reacios a abrir aun más sus mercados o a abordar sus propias barreras comerciales, lo cual reduciría el precio de las importaciones, aumentaría la productividad y contribuiría a ampliar las exportaciones. Puesto que ya han dado grandes pasos hacia la apertura de sus mercados, los países pobres desean ver primero una acción recíproca de parte de las naciones desarrolladas.

Sin embargo, el comercio es una calle de dos vías y el destino de la Agenda de Doha no está solamente en manos de los países ricos. Todos tendrán que asumir sus respectivas responsabilidades y dar de su parte para que el negocio del desarrollo tenga éxito.

El nivel del proteccionismo agrícola de los países de ingresos medios es por lo general menor y menos distorsionador, pero los aranceles promedio en todos los sectores son más altos y hay más restricciones para los servicios. A medida que el comercio entre los países del Sur adquiera mayor importancia, esta protección no sólo socava a los socios comerciales pobres, sino que también tiende a debilitar el crecimiento de su propia productividad. El promedio de los aranceles que enfrentan los exportadores de América latina en su propia región es siete veces más alto que la cifra que rige en los países industrializados. Por tales motivos, es evidente que los países en desarrollo tienen mucho que ganar de su propia liberalización.

Los países de ingresos bajos se beneficiarían del acceso no discriminatorio a todos los mercados para aquellos productos en los que tienen una ventaja comparativa (más que preferencias especiales a algunos mercados y exenciones de las reglas), si se adoptara un calendario adecuado para aplicar las regulaciones internacionales, y a partir de la asistencia para el desarrollo, se les ayudara a implementar reformas comerciales y a hacer frente a los posibles costos del ajuste. Asimismo, estos países pueden utilizar el comercio para mejorar su propia productividad interna abriendo sus mercados en el contexto de un programa de crecimiento y reducción de la pobreza correctamente diseñado.

Sin embargo, la reducción de las barreras comerciales no es suficiente. El comercio debe formar parte de una estrategia de desarrollo nacional de mayor alcance que incluya temas de política macroeconómica, infraestructura, educación y salud, así como una gobernabilidad responsable y abierta. Un pequeño ejemplo lo constituye la reforma de los procedimientos aduaneros tanto para importadores como exportadores, por cuanto la reducción de un día de los tiempos de tránsito en puertos y aduanas tiene casi el mismo valor que reducir en 1% los aranceles.

• Compromiso

El Banco Mundial está comprometido en el apoyo a un resultado que favorezca a los pobres en Doha ayudando a los países en desarrollo a aprovechar cualquier nuevo acceso a los mercados que surja de las negociaciones multilaterales. Estamos adaptando las herramientas disponibles y creando nuevos programas que entreguen recursos a los países que deseen reformar sus sistemas comerciales, mejorar las instituciones relacionadas con el comercio e invertir en la infraestructura necesaria para llevar los productos de los pobres y de otros productores a todos los mercados.

Un resultado que favorezca a los pobres en la Agenda de Doha constituye sólo un paso adelante hacia un mundo que propicie el desarrollo, pero se trata de un gran paso. La comunidad internacional ha trabajado arduamente para tener esta oportunidad y las autoridades que están prontas a reunirse en Cancún no deben dejarla pasar.

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