¿Qué hará Greenspan si sigue el derrumbe en Wall Street?
Nacido un 6 de marzo de 1926. Está en la Fed desde 1987. Lo sostuvieron en el cargo: Reagan, Bush, Clinton, y ahora, Bush hijo. Tiene poder casi ilimitado, maneja 18.500 series de datos distintos. Pero lee los informes de la Fed sentado en la bañera con agua caliente. Nadie acierta a saber cuál es el verdadero juego, de este veterano de varias crisis. ¿Supera ésta...?
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Primera sorpresa
Hipótesis mayor
El mercado le contestó con nuevas subas, dejándolo muchas veces mal parado y en posición desairada. Si la rebaja de medio punto no fue suficiente, imaginar qué hubiera sucedido sin haberla implementado es pintar una Wall Street cayendo a pedazos, desde inicios del año. Pero, la jugada fue realizada y el efecto inmediato no apagó el incendio: el margen se estrechó mucho y pensar en nuevos rebajes implica saber ¿hasta dónde?
Mi pasado...
... me condena, dirá Alan Greenspan, recordando que fue apuntado como culpable varias veces antes -ante otros derrumbes- por no haber actuado a tiempo con los cambios de tasa. Entre la economía que se deprime, un mercado símbolo -como lo es Wall Street para los norteamericanos- que viene en picada, y un presidente electo que no quiere saber de austeridades ni épocas duras, el «viejo zorro» está en aprietos serios. El super-poder, como el que tiene, también tiene el contrafilo: ser marcado como «culpable».
Pocos recordarán que admitió muchas veces sobre la «actitud irracional» de los operadores. A cambio, muchos le recordarán actuaciones especiales oscuras, como cuando salió a salvar la ropa -el 22 de setiembre de 1998- del Fondo «Long-Term Capital», de J. Meriwether, en una reunión entre gallos y medianoche. Ahora, también se dice que hay banqueros en serios dilemas y que procura un operativo similar, de aquellos que a uno lo hacen perdurar en un cargo por tantos años...
Horas calientes
Hay creencia de otra baja de tasas para fin de mes. Sólo especulaciones, sabido de que Greenspan no confía nada a nadie y que, la mayoría de las veces, sus palabras y acción corren por separado.
Imaginarlo en la bañera de su casa, analizando duros informes de estos días, o consultando las 18.500 series de datos que cobija su computadora en la Fed, no es para envidiar en estos momentos. Pero, el mundo -y con toda razón- estará pendiente de este anciano sacerdote del dine-ro: sabiendo que de su mano puede salir la decisión justa, que enderece ánimos e índices. O aquella que, posiblemente, le cueste la cabeza a él: pero, en tal caso, nos puede llevar a todos consigo.



