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22 de mayo 2006 - 00:00

¿Quién fue Celestino Rodrigo?

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Celestino Rodrigo
Sin ser economista Celestino Rodrigo quedó como referencia insoslayable en la historia económica del país. Era ingeniero, igual que Alvaro Alsogaray quien más enseñó a pensar en términos de libertad económica a los argentinos. Aprendió Rodrigo la burocracia estatal con su ingreso al Banco de Desarrollo (BANADE) en 1960. Allí vio forjarse fortunas privadas vigentes hoy a partir de créditos oficiales a tasa baja que nunca se devolvían, simplemente porque era dinero del Estado. También en ese BANADE actuaba un economista muy respetado, Ricardo Zinn (murió en el accidente de un avión privado junto a Paz Estenssoro presidente y privatizador de YPF).

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Rodrigo y Zinn intimaron más -luego se agregaría, para completar el trío pensante, Pedro Pou que fue presidente del Banco Central hasta el año 2000- como técnicos en una gira oficial a Africa. Se llamó «Operación Libia», ya con Juan Perón en el poder en 1973, y la encabezaba José López Rega. Este nefasto personaje en las largas horas de aquel viaje escuchaba a los expertos en temas económicos Rodrigo y a Zinn, que protagonizarían el «rodrigazo». Fue éste un sinceramiento ineluctable de la economía argentina tras las distorsiones provocadas por los precios máximos previos, los subsidios y los excesos populistas de un gobierno que ponía en rojo todas las variables macroeconómicas.

Cuando se trata de austeridad obligada desde el sector público la misión siempre recae en ortodoxos de la economía, liberales de pensamiento que quedan así como «los villanos», los drásticos, los «sangrientos» que deben amputar la pierna o el brazo gangrenado para salvar la vida del paciente. Los que llevaron a ese estado de enfermedad a un país, los populistas, se quedan entonces con la imagen amable y bonachona de haber repartido, aunque desaprensivamente hasta dejar agonizantes las arcas públicas y desbocada la inflación. Además, los populistas se van con la aureola de «víctimas» suplantadas por la « rudeza liberal» cuando, en realidad, era inevitable intervenir con las armas de la ortodoxia económica para tratar de salvar lo que quedaba. Cuando asume Celestino Rodrigo, asesorado por Ricardo Zinn y Pedro Pou, el gobierno de Isabel Perón venía en una desbocada carrera inflacionaria de 40% anual en 1974 que se proyectaba a 900% ya a mediados de 1975. El déficit fiscal se estimaba a más de 25%. El PBI caía 6% y había sólo 67 millones de dólares de reservas. ¿Podía aplicarse gradualismo camino al abismo e hiperinflación? Tenía que ser todo drástico. Lo fue, se llamó el «rodrigazo» (ver primera nota viernes 19). De 900% proyectada la inflación del año bajó a 335%, igual altísima.

El demagogo con fondos públicos que provoca la crisis, precisamente por irse como «víctima», suele retornar. Pero no el drástico que al amputar salvó la vida.

Muerto Perón en julio de 1974 cayeron el ministro José Gelbard y el controlador de precios Miguel Revestido. Vino como ministro Gómez Morales -serio, austero pero sin poder político por pertenecer al peronismo de los años '50 donde fue ministro de Asuntos Económicos del propio Juan Perón en su primera presidencia, de 1946 a 1952- pero duró poco. De inmediato fue designado Rodrigo, asesorado por Zinn y Pou. A los 2 primeros los recordaba del viaje a Libia el citado José López Rega, un hombre con poder amplio sobre la nueva magistrada, María Estela Martínez de Perón.

Asumió Rodrigo el 2 de junio de 1974, viajando al acto de juramento como ministro en subterráneo para dar imagen de la austeridad que debía imponerse ante un país en crisis terminal por el populismo del renunciante José Gelbard. Al día siguiente de sentarse en el despacho el flamante ministro de Economía declaró: «Mañana o me matan o empezamos a hacer las cosas bien».

Al día siguiente, 4 de junio de 1973, empezó el país a hacer «las cosas bien», al disponer el ministro una drástica disminución del gasto público para meter el déficit en caja -o cerca-, sincerar precios y paridad cambiaria (ver «Que fue el 'rodrigazo'» en la edición del viernes). Pero también se cumplió la segunda parte de la profecía de Rodrigo: a sólo 49 días de haber asumido el Ministerio no lo «mataron», pero debió renunciar. El remedio del sinceramiento económico con shock, aunque indispensable dada la situación creada, fue muy doloroso, afectó a mucha gente simple que cree que las bonanzas efímeras en base a dádivas desde los gobiernos no van a concluir nunca.

Producido el golpe militar de 1976 básicamente para ordenar el país en lo político (guerrilla) y en lo económico (descontrol total y riesgo de hiperinflación) se erró en ambos aspectos. En lo militar entró en una masacre más que en una represión. En lo económico metió preso 3 años a Celestino Rodrigo el único que implementó medidas, como las que el Proceso militar también intentaría para sincerar la economía. Rodrigo trató de frenar en 49 días de gestión el gasto público más que el Proceso militar en 5 años, ya que éste se embarcó en creciente déficit presupuestario por la compra de armamento para la presunta guerra con Chile que no se dio. Pero tanto equipamiento militar precipitó la invasión a Malvinas en 1982 para darle uso antes de que se volviera obsoleto.

Rodrigo murió en 1988.

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