No hay fuerza capaz de resucitar a los bonos argentinos si no se sincera la medición del costo de vida. El INDEC, si no recupera su autonomía, va a sabotear cualquier esfuerzo por volver al mercado de créditos, incluido el pago al Club de París.
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El viernes los inversores dijeron con sus ventas que no creen en los títulos argentinos, lo que equivale a decir que perdieron la confianza en el rumbo económico. Ven la medida del Club de París como un esfuerzo aislado que pierde su razón de ser, al no empalmar con una negociación con los bonistas que quedaron fuera del canje y con sincerar la inflación.
No se entiende el costo que se paga para difundir un costo de vida en el que nadie cree ni se toma en cuenta al momento de negociar contratos o sueldos. Van a lograr que el FMI y el Banco Mundial no tomen las estadísticas de la Argentina en sus informes anuales. Si los organismos internacionales descreen, pagar al Club de París no devolverá la confianza. De hecho, ninguna calificadora de riesgo dijo que iba a subir la nota de los bonos argentinos, aunque paguen esa deuda en mora.
Con el INDEC se buscó un efecto psicológico: que la gente no crea que hay inflación y que el control de precios sirve como herramienta de la economía.
Otra vez, como en todas las ocasiones en que se aplicó, el control de precios fue un rotundo fracaso que dejó más costos que beneficios. La Argentina quedó fuera del circuito de financiación y de inversiones. Pero el precio más caro lo está pagando cada día con una fuga de divisas que llega a los u$s 2.000 millones mensuales, promedio, desde que empezó el año. El viernes, por caso, en el MEC, el mercado de los corredores de cambio que abastece a una parte de la plaza minorista, negoció u$s 218 millones, un volumen demasiado elevado y que coincide con el aumento de clientes en las casas de cambio. La gente no hace plazos fijos, sino que se cubre con dólares. Los depósitos lo hacen las empresas con el dinero que necesitan como capital de giro. Las utilidades, en cambio, se van al exterior. El INDEC es la causa de esa preferencia de los argentinos por el dólar.
Pero hay datos que permiten ser optimistas. El equipo económico que se formó de hecho integrado además del ministro Carlos Fernández, por Martín Redrado, el titular del Banco Central, y Sergio Massa, el jefe de Gabinete, propone soluciones que son rechazadas en el momento, pero se adoptan con el tiempo.
De la misma manera que se le sugirió pagar al Club de París, hace tiempo, si se sigue este orden, no sería de extrañar que en algún fin de semana en El Calafate surja la decisión de normalizar el INDEC y, quién sabe, si no se deciden a arreglar con los tenedores de bonos en default.
Resultaría peligroso tener una línea aérea estatal, con juicios contra el país en los tribunales de Nueva York. El dinero de los pasajes adquiridos en el exterior sería embargable, lo mismo que las naves, aunque sean alquiladas. No habría agencia de turismo en el extranjero que pudiera vender pasajes en Aerolíneas Argentinas. La empresa, en el mejor de los casos, quedaría condenada a transportar pasajeros locales.
Con el dinero que se consiga en el exterior si se le paga al Club de París, podría suceder lo mismo. Cualquier dólar que se destine a prestarle al Estado argentino puede ser embargado por el juez Griesa.
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