R. Fernández: "El poder del Central se licuó y es malo"
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Periodista: ¿Qué puede pasar ahora tras el fallo de la Corte que redolariza depósitos bancarios?
Roque Fernández: Creo que le pone un tema adicional a lo que sería cuantificar bien la deuda con respecto al resultado de pesificar. El gobierno tiene que compensar bancos por la pesificación asimétrica, pero las entidades tienen su pasivo triplicado (por la redolarización de depósitos) y los activos con el «1 a 1». Hay un lindo bono para calcular ahí.
P.: Pero será difícil que se pueda pagar para los próximos gobiernos ese nuevo bono.
R.F.: El próximo ministro deberá resolver cuánto se deberá pagar con bonos y cuánto con emisión. Hay un trabajo de Thomas Sargent sobre el tema, los límites y sus consecuencias. La cesación de pagos del sistema bancario es anterior: empezó con Cavallo sacando las reservas líquidas de los bancos, luego vino el «corralito». En los activos de los bancos, había bonos voluntarios y compulsivos. Hay que hacer un concurso de acreedores pagado con moneda de concurso, igual que el resto. Todo lo determinaría el superávit primario de la economía argentina. El fallo de la Corte es interesante, porque dice «usted no puede meterse en un contrato de mutuo y cambiar la moneda». Ahora, hay que ver cuál es la solución. La propuesta de Anne Krueger era adecuada, con la adaptación de lo que es el «chapter 11» para las quiebras a los países. No hay Justicia en este caso que homologue los contratos, pero los países pueden encontrar un rol parecido en el Fondo Monetario.
R.F.: En forma sostenida, no fue más de 5% o 6% del PBI. El primer stand-by que se firmó con el FMI a principios de los '90 contemplaba uno de 6% y no lo llegamos a cumplir. Entre 4% y 5% sería cumplible con muchísimo costo. Pero alguna propuesta de reducción del costo administrativo tiene que haber para que la gente supere este trago amargo. Estos sacrificios que se van a pedir a la comunidad, entonces, tienen que estar acompañados de un sacrificio de la comunidad política fenomenal, como reducir la carga política un tercio y avanzar en las legislaturas unicamerales, por ejemplo.
P.: ¿Qué le parece lo que está haciendo López Murphy como candidato?
R.F.: Muy bueno. Muchos radicales ahora lo siguen. La campaña es corta, tuvo poco tiempo, pero va a hacer una buena elección. El peligro que tiene es que se le sumen muchos radicales y vuelva a ser la UCR. Si puede mantenerse sin contaminación, es lo bueno y dependerá mucho del liderazgo que tenga.
P.: ¿Cómo vería una eventual nueva gestión de Carlos Menem?
R.F.: Creo que tiene la experiencia necesaria para manejar este tipo de situaciones. Pienso que, cuando se esté más cerca de las elecciones, la gente va a votar en forma conservadora y olvidará entonces las críticas que se están haciendo hoy a Menem. No sé si ganará en primera vuelta, pero sí creo que va a estar muy cerca de hacerlo.
P.: Usted ya dijo que quiere ser ministro nuevamente, pero, entonces, ¿quién le gustaría que fuera?
R.F.: Yo creo que recién cuando gane, Menem va a mostrar las cartas. Creo que tiene muchos equipos que le llevan ideas, y por más que sean equipos separados, Avila, Rojo, Melconian, los puntos de vista son similares. Todos hablan el mismo idioma.
P.: ¿Hace cuánto que no habla con el ex presidente? ¿No le pedirá nombres sobre quién debería ser su ministro de Economía?
R.F.: Hablo cada tanto con Menem, pero me parece que hasta el 27 no tomará decisión alguna. Si me pregunta, le daré mi opinión sobre lo que, a mi juicio, es más conveniente.
P.: ¿Cómo calificaría la gestión de Lavagna?
R.F.: No debería haber vendido una posición de dureza en la negociación con el FMI. Quien conoce bien esto sabe que se termina cediendo más que lo que hubiera cedido si se hubiera negociado bien de entrada. Tampoco quiero decir que es fácil cuando, al mismo tiempo, se tiene la opinión en contra del presidente y del Congreso. Pero creo que hubiera sido más razonable no adoptar una posición recalcitrante y contraria a los organismos multilaterales. No resolvió el «corralito» ni la puesta en marcha de nuevo del sistema de pagos en forma rápida. También la pretensión de que la competitividad del país pasa por un dólar alto es un error conceptual. Hay toda una escuela que piensa así y no se ve la economía real. También ponerles precios políticos a las tarifas de servicios públicos no funcionó nunca en la Argentina. Se podría decir que el derecho de los consumidores demoró, pero desde el Estado se pusieron condiciones para reprimir el ajuste.
P.: ¿Qué opina de la nueva cúpula del Banco Central?
R.F.: Creo que el haber desaparecido la conflictividad mediática con Lavagna (en referencia a las diferencias que tenía con Aldo Pignanelli) ayudó a dar tranquilidad. Pero me parece que el Banco Central, desde 2000, perdió autonomía y no sólo jurídica. Concretamente, el Fondo Fiduciario de Capitalización Bancaria se maneja desde Economía y no desde el Central con el SEDESA, que no tiene fondos. Toda reforma del sistema financiero debe ser decisión del Central. Se licuó su poder y eso es malo. Creo que el presidente actual debería enfatizar esa autonomía. Cualquier medida sobre bancos debe ser de resolución del BCRA. El tema de los bancos lo vería con una óptica de futuro hacia lo que necesitamos de un sistema financiero. Bancos fuertemente capitalizados, sólidos. Si eso es lo que queremos, debemos normalizar la relación con el Estado; entonces, «netear» deudas y ver cómo queda cada banco. En esta situación, exigir los capitales mínimos y, al que le falta, que el accionista lo aporte. Es al revés de los que quieren integrar capitales con bonos. El sistema debe ser sólido, con normas de Basilea y líquido. La barbaridad es que, cuando lo desplazan a Pedro Pou, alivian las restricciones a las tenencias de bonos. La responsabilidad de la crisis se asignó a los bancos y se resta de culpa al Estado. La realidad es que, en parte, el Estado se apropió de las reservas líquidas de los bancos en forma compulsiva.
P.: ¿Se imaginaba a Lula haciendo las reformas que acaba de lanzar en Brasil?
R.F.: Hasta ahora, si hubo sorpresas, fueron en la dirección agradable, por lo menos para los que piensan como yo. No fue capturado por los sindicatos y no asumieron los «gordos» como se podía haber imaginado al principio. Por eso, es favorable.




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