16 de junio 2014 - 09:46

Reconfiguración del Estado y acuerdo con el Club de Paris

Reconfiguración del Estado y acuerdo con el Club de Paris
Néstor Requelme *.- Existen varios aspectos que garantizarán, más allá del corto plazo, el funcionamiento de la economía en los actuales niveles de empleo, donde se asienta la real relevancia del acuerdo con el Club de Paris. Uno de ellos es el de posibilitar las divisas-dólares necesarios para financiar el proceso de expansión productiva de vastos sectores.
El acuerdo que obtuvo el gobierno argentino con el Club de Paris para la cancelación de la deuda (dicho sea de paso, no contraída por este gobierno) en default desde 2001 ascendió a 9.700 millones de dólares. La particularidad saliente del caso fue que el FMI quedo excluido de la negociación (algo que no se puede pasar por alto luego de tantos años de condicionamientos a nuestra nación por parte de dicho organismo).
Mucho se ha dicho respecto de los pormenores del acuerdo y las condiciones técnicas de pago. Pero es importante resaltar el contexto en que dicho acuerdo se circunscribe, en tanto constituye el marco que nutre de sentido y orientación a toda la negociación alcanzada:
· Se logra el acuerdo sin poner en discusión nuestra soberanía política.
· Con soberanía política seguimos integrados al organismo (FMI) y al mundo.
· El esquema económico de la Argentina tiene una relación deuda externa a PIB baja y la cuenta corriente del balance de pagos superavitaria, muy a diferencia de lo que sí sucedía durante la década del '90.
· La coyuntura económica actual es la que permite circunscribir el acuerdo a la orbita inversionista (disímil a los salvataje de otras épocas a cualquier precio)
· El acuerdo no ha sido un acto aislado de gobierno. El pago a Repsol, al Club de París y potencialmente el acuerdo con los fondos buitres hace que muchos fondos de banca privada estén habilitados por estatuto a invertir en bonos y acciones argentinas.
· Hacia futuro es verdad que difícilmente este acuerdo evite per se nuevos episodios de volatilidad cambiaria, pero también es cierto que estos avances en materia de normalización y de acceso al crédito internacional afianza la política económica vigente de la ultima década a través del financiamiento de proyectos de expansión en la economía argentina, y por ende del empleo.
· En esta dirección evitamos la restricción externa de divisas, madre de todas las crisis sociales de nuestra historia económica.
· Por ultimo, estamos en un contexto en el que el mundo está saliendo paulatinamente de la crisis, y en donde sobre todo los precios internacionales se mantendrían elevados para los productos de exportación nuestros. 

El convenio prevé un pago inicial de u$s 650 millones en julio y otro de u$s 500 millones en mayo del próximo año. El resto de los u$s 9.700 millones será abonado por la administración y/o administraciones post 2015, por que incluso podría extenderse al gobierno post 2019 por la posibilidad prevista de alargar de cinco a siete años el plazo para abonar la deuda.
Se ha tenido especial cuidado con los años 2015 y 2017, donde la dinámica de la deuda actual pegaría más fuerte. En esos años, la Argentina debe cumplir con el pago de los
Bonos Bonar 2015 y Bonar 2017. Y para darle sostenibilidad al acuerdo, dada la coyuntura económica año tras año, se contempló que la Argentina pague más cuando pueda efectiva y sustentablemente hacerlo .

Se suele afirmar en materia de crecimiento de las naciones que para que el financiamiento internacional este "al alcance" y pueda ser asignado a inversiones productivas, primero hay que "reconstruir el Estado". Pero ¿qué deberíamos haber aprehendido de la experiencia argentina con el default de 2001 y/o que deberíamos entender por reconstruir el Estado? Una de las principales enseñanzas es que, cuando estamos inmersos o limitados por la pobreza de una gran mayoría como en los años `90, y hasta el periodo inmediato posterior al default de 2001, no es capaz de sustentarse la recuperación real de ningún Estado que se precie de tal.
Sabemos que la Argentina lleva casi toda su historia interpretando infatigable y persistentemente el papel principal en el concierto de las naciones del "deudor serial", habiendo hecho a lo largo de todo ese tiempo desastres con sus deudas (riesgo de mora, incumplimientos plenos, default lisos y llanos...en todas sus facetas).
Por otro lado, contamos con el agravante del carácter estructural histórico propio de economías como las nuestras (latinoamericanas o no, en vías de desarrollo) en las cuales no tenemos la potestad de imprimir la divisa que serán utilizadas para el intercambio en el comercio internacional y/o expansión productiva (inversiones locales), que permita expandir de manera sustentable el mercado interno y el empleo (sinónimos de nivel de bienestar).
Y la reconfiguración del Estado por crisis semejantes a las del default 2001 no fue ni lo podía ser de ninguna manera sencilla, todo lo contrario: implicó toma de decisiones cruciales, afectar intereses sectoriales y sociales (redirigir rentabilidades vía subsidios, retenciones, acuerdos, etc.), fijar límites a intereses locales (campo, sectores concentrados, mediáticos, etc.) y aún internacionales (como por ejemplo prescindir del FMI en determinados acuerdos).
La reconfiguración del Estado en esta última década ya es parte de nuestra experiencia histórica reciente expresada a través de la re-fundación del mercado interno, del empleo con más de cinco millones de nuevos puestos de trabajo creados, de la inclusión social, de las demandas de segunda generación, etc. Queda un largo camino por recorrer pero no debe descuidarse lo conseguido hasta aquí, para no repetir errores del pasado.

Néstor Requelme
* Economista integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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