El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Era la segunda vez que los argentinos se entrevistaban con Rodríguez Zapatero en Madrid. La anterior, en febrero, el socialista era candidato y, por un momento, Néstor-Kirchner se convirtió en su jefe de campaña dando consejos para que pudiera torcer un camino que lo llevaba directo a la derrota. No contaban, claro, con el atentado de Atocha. Curioso, en aquella oportunidad también estaban presentes el jefe de Gabinete, Bettini (no era todavía embajador, pero sí un nexo privilegiado con el PSOE) y la senadora Kirchner, quien para el registro anecdótico hizo un comentario estético sobre los ojos del actual premier.
Las palabras favorables que se pronunciaron esta vez en La Moncloa envolvían un informe/consulta realizado por Fernández durante la entrevista, que se prolongó más tarde en un encuentro con Miguel Sebastián y el resto del equipo de asesoramiento económico de Zapatero. Por primera vez, estos funcionarios expusieron el plan oficial para resolver los compromisos con el Fondo.
Lo más importante de ese informe ofrecido por el jefe de Gabinete es lo que se descartó: nadie habló allí de pagar por adelantado los montos que van venciendo a lo largo del año. Por lo menos no se insistió en una idea que parecía a todas luces disparatada, como la de abonar una deuda que está distribuida en el tiempo, sobre todo cuando se carece de fondos para eso, como admitió la senadora Kirchner en una entrevista al diario «ABC» (ver nota aparte).
Delante de Zapatero y de Sebastián, los argentinos sugirieron otra estrategia: la de una reestructuración del pasivo con el Fondo que permita ir bajando la exposición del organismo en la Argentina, pero con un plan más holgado. Con una condición adicional: que el hecho de estar saldando deudas exima al gobierno de someterse a revisiones demasiado frecuentes por parte del Fondo. Eso sí: nadie en el equipo de Kirchner quiere hablar de « reestructuración» abiertamente. Los españoles no adhirieron ni criticaron la propuesta. Sólo se limitaron a decir que la transmitirían a los países de la Unión Europea que pesan especialmente en el Fondo para que la analicen. Eventualmente, los socialistas de España podrían ejercer cierta abogacía.
Dejá tu comentario