7 de marzo 2003 - 00:00

Remes se defiende

Jorge Remes Lenicov, ex ministro de Economía del gobierno de Eduardo Duhalde y actual embajador ante la Unión Europea, dio su impresión acerca del fallo por el que la Corte Suprema declaró ilegal la pesificación de los depósitos. Remes, el padre del esquema de pesificación de depósitos y deudas, dialogó ayer con radio «América». A continuación lo más saliente de la entrevista:

PERIODISTA: ¿Qué reflexión le merece el fallo de la Corte Supema en el caso San Luis versus Banco Nación?

Jorge Remes Lenicov: Yo creo que esto hay que ubicarlo en el contexto económico. Porque uno desde el Derecho hay cosas que puede hacer pero no puede forzar. Y nosotros cuando hace un año tomamos ese tipo de medidas, que por cierto son antipáticas, era lo que exigía la realidad. La pregunta que hay que hacerse siempre es qué hubiera pasado si no hubiéramos hecho la pesificación. Por un lado había 50.000 millones de depósitos en dólares que bregaban por salir del sistema, y el sistema tenía las reservas en 9.000 millones solamente.


Los bancos tenían esos 50.000 millones prestados a personas, familias, empresas y recibían pesos y que no estaban dispuestas a pagar en forma inmediata sus créditos, con lo cual la plata no estaba.

P.:
Sigue sin estar, ¿no?

J.R.L.: Y... sigue sin estar. Segundo, si nosotros no hubiéramos pesificado, habríamos dejado dolarizados los depósitos. La pregunta que hay que hacerse es ¿qué habría pasado con los créditos? ¿Qué empresa, qué familia, qué persona habría triplicado su cuota? Imposible. Lo que habría ocurrido es que las empresas no hubieran pagado, las familias tampoco, las personas tampoco, los bancos hubieran quebrado y no devolvían ningún depósito. Entonces, una medida tan difícil como la que tomamos nosotros hay que ubicarla en ese contexto. Y por eso se pesificó y se pesificó a 1,40 más el CER porque pensamos que de esa manera no iba a tener ninguna pérdida en términos de poder adquisitivo en pesos de parte de los ahorristas.


P.:
Cuando empezó la historia de la pesificación durante su gestión ya se empezó a hablar de la compensación a los ahorristas y ahí se produjo un problema político, que lo tuvo finalmente casi como víctima, en el sentido de que el gobierno no quiso asumir el costo político de decir que iba a haber bonos para compensar a los ahorristas. Pasó un año y da la sensación que esta historia, no ahora, va a terminar otra vez con bonos para compensar a los ahorristas.

J.R.L.: Sí, yo creo que la mejor solución no lo era en ese contexto. Nosotros habíamos propuesto en ese momento bonos para cerrar la discusión, pero no hubo consenso político para llevarlo adelante. Pero hubiera sido mucho más limpio y mucho más claro. Porque ya había una experiencia en donde se pudo cobrar los bonos y uno suponía que en un período equis de tiempo la Argentina se normalizaba.


P.:
¿Usted cree que tendría que haberse hecho más hincapié en el tema de lo que es la propiedad privada en un marco de emergencia económica, por ejemplo?

J.R.L.: Sí, sí. Porque todos entendemos que hay que respetar absolutamente la propiedad privada, pero convengamos que durante los últimos años, desde la ruptura de la cadena de pagos, la no prestación de servicios del Estado, la no devolución de los créditos a los bancos, la no devolución de los bancos a los ahorristas de sus depósitos, todo eso hizo explosión y nosotros nos encontramos en esa situación.


P.:
El doctor Nazareno dijo que el tema de los deudores se verá más adelante.

J.R.L.: Ese es el problema. Cuando uno tiene que actuar y está en el gobierno, tiene que ver, como en toda contabilidad, el debe y el haber, si uno reconoce algo por un lado, lo tiene que reconocer por el otro. Uno no puede reconocer el tema de los ahorristas y desconocer el de los deudores.


P.:
Lo que pasa es que lamentablemente por toda la situación política que se vivió en diciembre y en 2002, lo que no se puso en blanco sobre negro es que hubo una decisión de subsidiar a los deudores, que habría sido lo lógico y todo el mundo lo hubiera entendido.

J.R.L.: Claro, lo que pasa es que muchas veces decir las cosas como son es muy irritativo.

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