Finalmente, el Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (SENASA) quedó acéfalo con las renuncias presentadas por Bernardo Cané y Daniel Welschen, presidente y vicepresidente del organismo. La decisión de los ahora ex funcionarios -anticipada ayer por Ambito Financiero se debió a que consideraron «inadecuado el proyecto de decreto elaborado por la Secretaría de Agricultura Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA), que modifica las funciones del organismo».
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Según comunicado distribuido ayer por el SENASA, en la carta de renuncia enviada al titular de Agricultura, Miguel Campos, se afirma que «no existe ningún servicio sanitario en el mundo donde su conducción sea compartida entre el gobierno nacional y un cuerpo colegiado formado por los destinatarios de la fiscalización del organismo, más la posterior decisión política del secretario de Agricultura».
Sin embargo, el mismo Bernardo Cané había elaborado un proyecto de ley de reestructuración del organismo sanitario en el que se daba participación a una media docena de entidades de la producción, la industria y las provincias. Dicho proyecto, que ya había sido distribuido por el SENASA entre las entidades que iban a acompañarlo, no acotaba sus funciones, al menos no las transfería a Agricultura.
• Intenciones
En la carta que Cané elevó a su superior -en el organigrama- Miguel Campos se señala que un servicio de estas características «provoca un estado deliberativo y de presión de lobbies sectoriales incompatible con la función ejecutiva».
La renuncia de Cané no se privó de recordar «que el modelo de funcionamiento que establece el proyecto que está en Presidencia de la Nación, donde el secretario de Agricultura tiene la decisión final en las normas sanitarias, existió entre 1997 y 2001, propiciando la interferencia de las políticas sectoriales por sobre las sanitarias, motivo que determinó el levantamiento de la campaña de vacunación en el año 1999 y al ocultamiento de la aftosa en el año 2000/01 con las consecuencias sanitarias, económicas y políticas por todos conocidas».
La noticia no sorprendió al sector ya que se conocían las intenciones de los funcionarios sanitarios ante una medida presidencial que acotaba sus funciones. En la producción hubo repercusiones de diverso tenor, desde agrado hasta preocupación ya que se supone que éste es un momento crítico para el organismo (por la gran cantidad de frentes sanitarios abiertos y por resolver) y hubo también silencio desde Agricultura, organismo sobre el que se centrarán ahora todas las responsabilidades sanitarias.
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