El riesgo-país de la Argentina se encuentra por encima del
promedio de los emergentes y es superado sólo por Ecuador
y Nigeria.
El riesgo-país de la Argentina subió ayer 0,6%, por la leve corrección en los mercados y cerró en 310 puntos, después de haber tocado ayer su menor valor en 9 años. Desde enero, el riesgo mejoró 38%, pero la pregunta es: ¿cuánto del menor riesgo se debe a méritos de la economía y las finanzas públicas locales, y cuánto es un coletazo de la buena situación internacional, que impacta en todos los países emergentes?
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Esta semana fueron los datos de inflación provenientes de la economía norteamericana los que impulsaron los mercados. El mecanismo ya es conocido: menos inflación que la esperada implica baja probabilidad de que haya alzas de tasas de los títulos de la Reserva Federal, por lo que caen también las chances de que la economía se desacelere (y por lo tanto las ganancias). Asimismo, sube la demanda de los bonos porque no se especula con poder conseguir posiciones de mayor rendimiento en el futuro, por lo que la búsqueda de rendimientos extraordinarios se dirige hacia las acciones (más volátiles) y títulos emergentes. El riesgo argentino cayó esta semana 2,2%.
Del análisis de los datos surge que el riesgo-país de la Argentina bajó desde el 1 de enero 38%, la mayor de las bajas entre los emergentes. Brasil cayó 32%, Perú 35%, Uruguay 21%, Ucrania 12%. ¿Atravesaron caídas los indicadores de todos los países? No fue así. El de Marruecos subió 18%, el de Malasia 7%, Polonia y Sudáfrica 4%. No obstante, existe un detalle que dispara interpretaciones: todos los países que mostraron subas en el riesgo-país tenían un nivel por debajo de los 100 puntos. No hay Estados con un riesgo-país por encima de ese umbral que no haya mostrado fuertes caídas, con la única excepción de Turquía, que atravesó una importante crisis y terminó con una baja de riesgo-país de apenas 3,1%. La conclusión es que los mejores rendimientos de los emergentes fueron buscados sistemáticamente en el año, mientras que los países del conjunto que tenían tasas sólo levemente superiores que las de Estados Unidos atravesaron correcciones.
Ordenamiento
El otro punto que hay que destacar es el ordenamiento dentro del conjunto de emergentes del riesgo-país argentino. Sólo tienen un mayor índice Ecuador (476 puntos) y Nigeria (361). ¿Y el resto de los países latinoamericanos? Uruguay 233 puntos, Brasil 210, Venezuela 200, Perú 130 y México 107. Con respecto a los emergentes de Europa del Este: Rusia 102, Bulgaria 87, Polonia 62. En esta dimensión, la calidad del dato difícilmente pueda evaluarse como positiva.
Los especialistas destacan también la doble lectura del hecho. Rafael Ber, de Argentine Research, indicó que «llegar a estos números desde lo que se observaba a la salida del default es indudablemente positivo y pondera la recuperación argentina». No obstante, agregó: «Con respecto a los emergentes, el indicador muestra que todavía se requiere un trabajo de perfeccionamiento».
Durante años, el riesgo-país fue motivo de seguimiento hasta por los medios televisivos, y era evaluado con fanatismo casi futbolístico no sólo por los especialistas, sino también por el público en general. Con la cercanía del default, el riesgo-país trepó por encima de los 4.000 puntos, hasta perder significado su análisis (con un mercado de capitales ya cerrado para el país), por lo que quedó relegado para las últimas páginas de los medios especializados.
Debe hacerse una última aclaración: el default y la posterior reestructuración de la deuda cambiaron de forma radical el indicador de riesgopaís para la Argentina. Este sólo tiene en cuenta los bonos en dólares, entonces, una medida que en su momento tenía en consideración más de 25 títulos hoy es mucho menos representativa. Los bonos en dólares importantes que cotizan hoy en el mercado son el Discount, BONAR V, el Par y el BODEN 2012, y son desde los que surge el valor de riesgopaís.
El perfil de la deuda local cambió marcadamente en los últimos años. El mexicano Mauro Leos, de Moody's, lo marcaba claramente en su disertación del miércoles en Buenos Aires: la deuda en dólares pasó de 90% del total prereestructuracióna menos de 50%. Esa es la causa de que el análisis del indicador riesgo-país sea hoy menos significativo.
Igualmente, es claro que su caída debe interpretarse como un dato favorable. Además, la última palabra no está dicha. La posibilidad que tuvo el gobierno de cambiar la estructura de la deuda con respecto a la moneda no deja de ser una derivación del buen momento de los mercados (y más aún, de su sustrato real, la economía mundial) en los últimos 3 años. La mayor confianza en el peso, que permite reducir la exposición al dólar, puede revertirse rápidamente ante un cambio de las condiciones y una restricción en los flujos de capital a los emergentes.
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