3 de diciembre 2001 - 00:00

Rige desde hoy la efectivización sólo parcial de fondos de público y empresas

No puede calificarse menos de mala la medida, que afectará mucho a la sociedad -desde desempleo a más recesión-. Tampoco que es seriamente afectadora de la credibilidad pública y que borrará las esperanzas de retorno de miles de millones de capitales de argentinos en el exterior. Son medidas necesariamente transitorias (las bancarias, no así las cambiarias porque por largo tiempo no se podrán enviar divisas sin explicaciones al exterior) o de lo contrario se termina de destrozar la economía, sobre todo carcomida por los mercados negros que inevitablemente surgirán. Se pierde transparencia, se dislocan las estadísticas (sobrefacturaciones), se pierde seguridad en los hogares, quedan sectores muy afectados, etc. (ver «Las consecuencias»).

Pero hay que decir que era inevitable, aunque millones de argentinos en particular se sientan afectados, sobre todo porque muchos otros se salvaron previendo a tiempo la inmovilización. Inevitable porque, perdida la confianza en forma generalizada, todo el sistema bancario iba a un colapso total. Y en cualquier país hoy día es imposible, salvo que se vuelva al trueque de mercaderías, desenvolver actividades productivas sin bancos.

Los propios bancos, al ver día a día el drenaje de sus depósitos, le dijeron «hasta aquí» al equipo económico y éste operó, quizás un poco tarde.

Se llega a esto como consecuencia de la crisis de la economía argentina y ésta, a su vez, es consecuencia de 50 años de demagogias desde la política hasta acumular una deuda pública que todos avizoraron como impagable. De ahí a la crisis había un paso.

¿Terminan aquí los males? No. Si no llega a tiempo el aporte pendiente del Fondo Monetario (1.260 millones de dólares), dentro de 10 o 15 días puede sobrevenir el default real, cuando ahora estamos en default técnico porque se efectiviza el total cuando no se paga un vencimiento de deuda pública.

Otro mal posible es que Economía directamente decida postergar los vencimientos de diciembre en forma unilateral. Habrá novedades acercándose el 10 de diciembre, por acción del Fondo o de Economía.

¿Hay alguna esperanza? Puede pensarse que el «Plan Freezer» concluya -o sea se pueda disponer de los fondos en cualquier cantidad, pero sin sacarlos al exterior, salvo de contrabando y en efectivo-si hay una mejora que puede venir de: a) impacto positivo de la reprogramación de la deuda pública (para tenedores locales poder pasar 52.000 millones -mitad de la deuda-a 7% es algo muy positivo); b) que haya alguna solución satisfactoria con tenedores de títulos argentinos desde el exterior; c) si se puede pensar en utopías podría venir el respaldo de EE.UU. a los nuevos títulos a 7%. México, por caso, lo tiene.

Pero esto último está lejano. La clave sigue siendo el déficit cero. Sin alcanzarlo o cerca nadie del exterior nos ayudará, así Carlos Menem se lo pida -en enero cuando viaja-a George Bush, padre del hombre más poderoso del mundo, el presidente de los Estados Unidos. El déficit cero, a su vez, depende de erradicar privilegios y costos, de superar la torpeza y demagogia de políticos y sindicalistas. También depende de comenzar a creer lo real: que la Argentina ya dejó hace tiempo de ser una «nación rica» como muchos aún creemos.

Sin gastar desde el Estado de acuerdo con lo que le ingresa no hay solución de fondo y se sucederán medidas dramáticas como este «Plan Freezer».

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