3 de junio 2005 - 00:00

Se cumplieron 30 años del Rodrigazo

María Estela Martínez de Perón le toma juramento a Celestino Rodrigo en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno el 2 de junio de 1975 frente a Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados; y el entonces escribano de gobierno, Jorge Garrido.
María Estela Martínez de Perón le toma juramento a Celestino Rodrigo en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno el 2 de junio de 1975 frente a Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados; y el entonces escribano de gobierno, Jorge Garrido.
El 2 de junio de 1975, hace 30 años, el gobierno de María Estela Martínez rompió lanzas con la tradición popular del peronismo al asumir como ministro de Economía Celestino Rodrigo.

El ingeniero Rodrigo, un hombre de confianza del entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega, asumió en reemplazo de Alfredo Gómez Morales e, inmediatamente, puso en marcha su programa económico.

El 4 de junio fue anunciado el plan conocido como el Rodrigazo. El programa incluía una devaluación del peso de 160% por ciento, una suba los combustibles de 181% y otra de las tarifas de los servicios públicos de 75%.

En suma, esas medidas no sólo golpearon el poder adquisitivo de la población, sino que, además, implicaron una corrección brutal de los precios relativos de la economía y desataron una tormenta política que terminaría con la figura de López Rega.

Frente a los reclamos, el gobierno ofreció un ajuste de salarios de 38% que fue rechazado por los sindicalistas que abandonaron las paritarias e iniciaron un plan de lucha por el que en diferentes gremios lograron incrementos salariales de hasta 160%.

Ante la situación, la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), de López Rega, apareció persiguiendo a los sectores más combativos del sindicalismo, del centro y la izquierda política y el 29 de junio «Isabel» Martínez anuló por decreto los aumentos y fijó un tope de 50% para esas mejoras.

Como consecuencia de ello,
Ricardo Otero, dirigente de la Unión Obrera Metalúrgica, renunció a su cargo de ministro de Trabajo, mientras que el secretario general de la CGT, Casildo Herrera, denunció las prácticas oficiales ante la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra, y luego viajó a Montevideo para reunirse con Lorenzo Miguel, líder de la UOM. Desde la capital uruguaya convocaron a un paro general para el 7 y 8 de julio con movilización a la Plaza de Mayo. El rotundo éxito de la medida de fuerza terminó no sólo con el Rodrigazo, sino también con el propio López Rega. El comandante en jefe del Ejército, Alberto Numa Laplane, se negó a reprimir a los trabajadores, por lo que la presidenta tuvo que convalidar los aumentos salariales obtenidos por los sindicatos.

Los militares forzaron la salida de
López Rega el 11 de julio, quien debió abandonar el país. Rodrigo se mantuvo en el cargo hasta el 22, ya sin ningún poder, momento en el que se encontró un sucesor efímero en Pedro Bonanni, quien había sido ministro de Hacienda de Juan Domingo Perón en su segundo mandato.

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