El sector externo es uno de los mayores “condicionantes” para la recuperación económica, según el análisis de consultoras privadas, que coinciden en que un acuerdo con el FMI será clave para calmar expectativas devaluatorias. A la presión dolarizadora en una economía bimonetaria, se suma la incertidumbre electoral y la necesidad de dólares para la reactivación de la economía real, contra un cronograma de deuda “impagable”, que limita el margen de maniobra de una política fiscal expansiva.
El sector externo, “principal limitante” para la recuperación
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“La dinámica del sector externo constituye, una vez más, uno de los condicionantes más importantes, tanto para garantizar la sustentabilidad de la recuperación, como la estabilidad macroeconómica”, asegura el informe mensual de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE), que encabeza el economista Nicolás Zeolla. Además, la dinámica del sector externo constituye una “clara limitación” a la política estatal de impulso de la demanda, pese a que resaltan que sería deseable reforzar el sesgo “contracíclico” de la política fiscal.
Para FIDE, hay dos frentes que presionan sobre los dólares: desde la economía real, la recuperación más “acelerada” implica una creciente demanda de divisas, en un contexto donde la oferta de la cosecha gruesa aminora. Desde lo financiero, las presiones de los fondos externos por “salir” de la Argentina, junto con la “incertidumbre electoral”. A esto se le sumará, desde fines de 2021, un cronograma de vencimientos “impagable” con el FMI, en caso de no haber acuerdo, que solo en 2022 ascendería a u$s 17.800 millones.
Del lado de la economía real, se destaca que la recuperación comienza a presionar sobre la demanda de divisas de manera “muy marcada”, y anticipa que la falta de dólares podría ser un condicionante para que la “sostenibilidad de este ciclo alcista”. En el caso de las importaciones, acumulan un aumento del 53% entre enero y agosto, con respecto al 2020, con insumos y bienes de capital como lo más dinámico.
En el mismo sentido, la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que dirige el economista Juan Luis Bour, marca que la restricción de divisas podría “ralentizar” la dinámica de la recuperación. Asegura que la industria muestra mejoras en la comparación interanual, pero desde abril tiene avances y retrocesos mensuales, siendo uno de los obstáculos para el normal desarrollo de los planes de producción el “faltante de componentes” por la escasez global en cadenas de suministro, en conjunto con el acceso a unidades importadas.
Si bien las reservas alcanzan para llegar hasta noviembre, desde la consultora Equilibra, que dirige el economista Martín Rapetti, se preguntan por el después. Alertan que la estrategia cambiaria pre-PASO es “insostenible”, debido a que las reservas netas alcanzan niveles bajos y el tipo de cambio real, si bien no está atrasado, no es un “colchón de competitividad” para arrancar un plan de desinflación. Por otro lado, anticipan que en 2022 se espera una liquidación de agroindustria de u$s 4000 millones menos a este año, producto de menores precios internacionales y riesgo de sequías.
Así, tanto desde Equilibra, como FIDE y FIEL coinciden que un acuerdo con el FMI es clave para controlar las presiones devaluatorias y bajar la brecha cambiaria, uno de los componentes para avanzar en una estrategia antiinflacionaria. Desde FIDE indican que sin el ingreso extraordinario que significaron los DEG, “no había capacidad” para enfrenar los vencimientos que se pagaron.
El acuerdo con el FMI podría “moderar” la incertidumbre en algunos tramos de la demanda de divisas, y “facilitar” el acceso a nuevo financiamiento para el Tesoro, analizan desde FIDE, aunque alertan que debería compatibilizar la refinanciación con los deudores privados reestructurados. Para Equilibra, la falta de acuerdo con el FMI transmite un escenario de “incertidumbre”.
Desde FIDE anticipan que las “presiones dolarizadoras” continuarán, pero consideran que el Banco Central tiene herramientas para administrarlas sin un “salto abrupto” en el tipo de cambio, debido al tipo de cambio real, todavía competitivo, y al superávit de balanza comercial.
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