¿Será "bueno"?
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La versión b), diríamos es ésta: Kirchner, cuando se reunió en Nueva York con el mexicano David Martínez no le habría manifestado su enojo (o se lo manifestó sólo en la parte inicial del diálogo) sino que le habría preguntado algo así como ¿por qué usar a «Clarín» de intermediario si en definitiva decide el gobierno? Martínez habría optado por el gobierno y «Clarín» tuvo que agachar la cabeza porque, en definitiva, se queda con 60% del nuevo monopolio sin poner dinero.
Se daría esta paradoja: un monopolio de cables protegido por el gobierno pasaría a ser «algo bueno» frente a la otra alternativa, la «mala» de aumentar el poderío en medios de difusión de «Clarín». Nunca esperé que, por mi oposición frontal a los monopolios de prensa, me viera en la alternativa de ser «clarinista» o «kirchnerista». No deja de ser una ironía.
Entendamos bien la realidad. Todo monopolio, en prensa o en cualquier otra actividad, siempre es perjudicial para una sociedad. El dominante, que no tiene competencia, hace lo que quiere con los precios, puede abastecer o desabastecer y hasta mantener esto hasta lograr subirlos. Si estos monopolios de cable le suben indefinidamente el precio de un servicio ya popular (seis millones de abonados) o lo privan del servicio ¿a qué alternativa se recurre, quién defiende al ciudadano? Los de prensa son peores porque si se monopoliza la difusión ni siquiera se le puede informar a la población de los otros que actúan.
La versión a) es posible pero dudosa: el actual no es un gobierno que, precisamente, se caracterice por ningún fanatismo, ni mucho menos, hacia que el periodismo informe con la mayor libertad a la gente y no abrumadoramente por «Clarín». La versión b) no podría afirmarse como cierta pero es indudable que al gobierno, en vísperas de un año electoral de renovación del mandato presidencial, no le viene nada mal sonreír a un monopolio de difusión, ajeno a «Clarín» para que éste no extorsione. Inclusive, en vísperas de la televisión digital -podría llegarse a 20 canales abiertos, sólo en Capital Federal, por más uso de la banda- tiene otra arma poderosa como para que «Clarín» acate porque hay otro competidor importante: Telefónica.
En las versiones a) y b) con sinceridad este diario no sabe cuál es la real o se lo diríamos al lector -pierde la democracia sin duda porque uno u otro, «Clarín» o gobierno, monopolizarán más la difusión, sobre todo en vísperas de una campaña para elegir mandatario-. Innegablemente, ambas atentan contra el derecho de todo ciudadano, de toda sociedad a recibir información y opiniones desde fuente diversificada.




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