Sería muy limitado el impacto en el consumo
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• uno es que el modelo de crecimiento se apoyará predominantemente en el consumo interno, lo que para un mercado de 37 millones de personas implicaría ponerle un techo bajo a las posibilidades de expansión de la economía.
• El segundo es que la intervención estatal distorsione el sendero hacia el nuevo equilibrio para las remuneraciones al capital y al trabajo.
• El tercer riesgo es de índole microeconómico y tiene que ver con las fuertes asimetrías regionales y sectoriales que implican que un mismo nivel de salario pueda ser caro o barato dependiendo de la situación de cada actividad.
Luego de la devaluación, la participación de la remuneración al trabajo asalariado en el PBI cayó a 32% en 2002 y a 26% en el primer semestre de 2003. Esta participación había fluctuado en años anteriores entre 37% y 42%. «Obviamente esto afectó el consumo privado, que cayó hasta 62% del PBI cuando en años anteriores había fluctuado entre 69% y 70% del PBI», aseguran desde el IERAL y agregan «tanto el salario real como el consumo han quedado por debajo de lo que se estima que es el nivel de equilibrio para estas variables en el nuevo escenario económico».
• Cuadro heterogéneo
Pero la contracara de esto, luego de la devaluación, ha sido el aumento del ahorro y del «excedente bruto de explotación» (que es una aproximación de la rentabilidad empresaria). La remuneración al capital y a la tierra ahora es dos tercios del PBI, cuando en años anteriores de mayor rentabilidad era de algo menos de la mitad del PBI.
«Dado que las empresas para invertir deben recurrir al autofinanciamiento o a fuentes de financiamiento muy acotadas debido al default y a la ruptura de contratos, el excedente bruto de explotación quedará en su nuevo equilibrio por encima de los niveles de años anteriores, aún cuando se vaya moderando. «No parece ser la mejor vía para buscar el equilibrio forzar aumentos de salario por decreto», destaca el IERAL.
El cambio de precios relativos ha generado un cuadro muy heterogéneo a nivel país. Por lo que aplicar una misma política salarial sólo podría inducir a errores: provocar desempleo o ennegrecimiento de los sectores menos favorecidos y quizás, dejar los salarios por debajo del equilibrio en los sectores más favorecidos.
«De allí que los incentivos al consumo no pueden plantearse como contrapuestos a los incentivos a la inversión. Para que la situación sea sustentable, deberían ser los aumentos de empleo los que guíen tanto las recomposiciones salariales como la mejoría del poder adquisitivo de la población».



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