Si Bush gana en EE.UU. terminan salvatajes del Fondo Monetario
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Crece el delivery en Argentina, pero el poder de compra cayó 12% en un año
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Las importaciones de bienes de capital cayeron 7,8% en el primer trimestre
Bajo Bush, será difícil convencer a la Casa Blanca de que apruebe préstamo alguno del FMI. Además, los republicanos han logrado una pequeña ventaja numérica en ambas cámaras del Congreso, lo que dificultará la aprobación de partidas nuevas para el FMI.
Si el vicepresidente Al Gore se impone en la puja por la Casa Blanca, es probable que su gobierno quiera seguir la íntima relación de Estados Unidos con el FMI. Si Gore semeja en algo al presidente Bill Clinton, el FMI continuará recibiendo apoyo y estímulo de la Casa Blanca en su papel de servicio de socorro financiero del mundo.
Nadie sabe quién integraría un gabinete de Gore. Pero Larry Summers, el secretario del Tesoro actual, tendría que ser un candidato para continuar en dicho puesto, si es que desea quedarse. Luego, ¿qué piensa Summers que se debe hacer en cuanto a la Argentina? Summers, con sus propias palabras en una declaración de prensa del Tesoro fechada el 13 de noviembre, «ve con agrado» que las autoridades argentinas trabajen en conjunto con el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Summers añadió que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos estaba dispuesto a respaldar un programa ampliado de asistencia financiera para la Argentina. Ofrecerle ayuda financiera adicional a este país sudamericano sería algo común en la administración Clinton: otro día, otro rescate multimillonario. Summers ha sido uno de los partidarios clave de todos los programas de rescate del FMI.
Pero volvamos a las connotaciones de una victoria de Bush. El FMI tiene un presupuesto voluminoso. Por tanto constituye en cierta medida una fuerza independiente en el mundo financiero. Esto es lo que les preocupa a las personas como Shultz. Pero el triunfo de Bush sería algo así como una advertencia la próxima vez que un país acuda al FMI a pedir miles de millones de dólares.
Son enormes las connotaciones para los inversores que compran deuda de naciones de mercados emergentes. Por un lado, es probable que los inversores no tengan que preocuparse de que el gobierno de Estados Unidos trate de imponer las llamadas cláusulas de acción colectiva que actualmente traen los contratos de deuda soberana.
Estas fueron un invento del ex secretario del Tesoro Robert Rubin, quien deseaba que estas cláusulas aparecieran en los contratos de bonos para requerir que los bonistas participaran en los rescates financieros cuando un país quebraba. Esa es la buena nueva para los inversores.
Por otro lado, si usted acepta mi caracterización de las tendencias de Bush sobre el FMI, entonces usted, señor inversor, no hallará una actitud compren-siva en el gobierno norteamericano la próxima vez que uno de sus países favoritos se venga abajo. No cuente con que los rescates del FMI le salvarán el pescuezo.



