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Rato y los economistas que dialogaron con los argentinos el lunes aceptaron, como premisa mayor, que el país está frente a una gran oportunidad. Y también, ante un gran desafío, que es dar consistencia al acuerdo que les propuso a los acreedores de sus nuevos bonos, garantizando niveles de crecimiento y de superávit fiscal excepcionales. Informate más
Lavagna respondió desde el otro extremo del arco teórico con keynesianismo puro.
Claro, la mayor demanda se lograría gastando más desde el Estado, aumentando salarios por decreto. Esto desalienta, y además, inundar de plata la plaza sin mayor productividad trae algo dramático: más inflación, amenaza que hoy pende sobre la Argentina.
Por esta vía se llegó a esa cuestión inquietante en el diálogo con Rato: la de la inflación. Los técnicos del Fondo se detuvieron largamente en ese peligro, visto no sólo desde el horizonte de la política monetaria que sigue el Banco Central (tarde o temprano, se hará explícito el debate sobre los niveles de emisión que demanda el sostenimiento del actual tipo de cambio), sino también desde la preocupación más inmediata de la negociación de tarifas. Rato y sus técnicos dijeron algo muy evidente: si la recomposición de ingresos de las empresas de servicios públicos se basa exclusivamente en aumentos dirigidos a los mayores consumidores industriales y comerciales, estos incrementos serán tarde o temprano trasladados a los precios.
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