Un mercado que arranca arriba pasa pronto a la zona perdedora y queda cerca de los mínimos cuando suena la campana de cierre. Según los números (una merma de 0,42% para el Dow, que finalizó en 10.810,91 puntos), nada como para preocuparse, pero lo suficiente como para que el Promedio Industrial quedara a un tris de perder lo poco ganado en lo que va del mes. Si bien el petróleo registró una ligera baja al estacionarse en u$s 59,20 por barril, esto no afectó ni al oro, que continuó su furiosa suba (quedó en u$s 517,8 la onza), ni a la tasa de los bonos del Tesoro, que en la versión a 10 años trepó a 4,519% anual, ni al dólar, que se revalorizó a 120,99 yens y u$s 1,1720 por euro, y mucho menos a la inversión bursátil, donde el interés de los inversores siguió siendo relativamente bajo (1.580 millones de papeles en el NYSE y 1.750 millones en el NASDAQ). Si hemos de sindicar un papel como arquetipo de la merma de ayer, éste es Intel, que perdió 1,8%. Algo más difícil es este tema respecto de la suba, ya que la mayoría de los analistas optó por apuntar a General Motors como ejemplo de ganador. Si bien la serie de confusas noticias sobre cambios en la estructura directiva de la empresa sin dudas influyó en 2,9% que ganó el papel, y por más que se siga tratando de la mayor automotriz del mundo, cuesta definirla hoy como uno de los peso pesados del mercado bursátil. Fuera de esto, es poco y nada lo que mereció la atención de los inversores, dando lugar una vez más a la idea de que, más que seguir las noticias, lo que interesa al mercado es si hay suficiente "fuerza" como para lograr que la profecía del "efecto Navidad" sea una profecía autocumplida.
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