Sin duda la suba del precio del petróleo es un problema y una fuente de preocupación para los inversores, pero es claro que no es la más importante. Si bien las palabras del legendario T. Boone Pickens (tal vez el último de los grandes barones petroleros, además de ser el modelo para J.R. de la serie de televisión "Dallas") afirmando que el galón de gasolina (3,785 litros) podría fácilmente superar los u$s 3 a fin de año (hoy oscila en torno a u$s 5 en Europa) no dejan de ser relevantes, es difícil creer que pudieron neutralizar en la percepción de los inversores el efecto de la segunda merma consecutiva del crudo (esta vez un más significativo 1,6%, a u$s 58,09 por barril) o tener más peso que el anuncio de otra leyenda (Warren Buffet), que se comprometió a invertir cerca de u$s 15.000 millones en el sector energético (se supone que esto permitirá en algún momento destrabar el cuello de botella que son hoy las refinadoras) . Podríamos pensar, entonces, que la inflación y las tasas son el punto más significativo para los tomadores de riesgo. Pero también estaríamos equivocados. De la mano de la baja de la tasa alemana (en 3,114% casi marca un récord de mínima) y la creciente presión para bajar la inglesa (el Banco Central sueco recortó sorpresivamente medio punto el martes), los treasuries a 10 años treparon al punto más alto de los últimos 14 días (3,94%), ayudados sin duda por el ingreso de fondos desde Europa (el euro bajó a u$s 1,2127). Pero es claro que en una rueda en la que lo peor pasó por las automotrices, ni esto alcanzó para entonar a los inversores, que en otra jornada "aburrida" dejaron caer 0,11% al Dow, que cerró en 10.587,93 puntos.
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