31 de diciembre 2003 - 00:00

Sin riesgo por el mal de "vaca loca"

«Los métodos aplicados para prevenir el mal de la 'vaca loca' en la Argentina son suficientes y no hay ningún riesgo de que los rodeos locales puedan contraer la enfermedad.» Un mensaje de tranquilidad quiso difundir ayer el gobierno a través de los técnicos del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).

«La encefalopatía espongiforme bovina (EEB) o mal de la 'vaca loca' es una zoonosis transmisible al hombre; no hay vacuna para combatirla y es irremediablemente mortal, pero la Argentina tiene un sistema de control sanitario eficiente»,
manifestó el coordinador del Programa Nacional de Prevención de las Encelopatías Espongiformes Transmisibles del SENASA, Leonardo Mascitelli. La principal medida preventiva es «no importar productos de países de riesgo y hacer un seguimiento de control de lo ya importado», añadió Mascitelli. «El SENASA está ajustando los controles y supervisiones sobre todos los establecimientos de producción y procesamiento de carnes vacunas», afirmó el funcionario. La Argentina es uno de los países más seguros en cuanto a EEB, aunque el programa de lucha contra el mal estuvo desfinanciado en el país durante los dos últimos años. El objetivo del organismo sanitario es asegurar que en la Argentina, reconocida como país libre de «vaca loca» por la Organización Internacional de Epizootias (OIE), «no haya posibilidad de que ningún animal ovino, bovino o caprino contraiga algún tipo de enfermedad espongiforme», puntualizó el coordinador.

Mascitelli
indicó que, «cuando el animal contrae la enfermedad neurológica, presenta alteraciones de carácter, está irritable, hiperactivo, le molesta la luz, pierde la estabilidad y emprende carreras sin control, de donde le viene la denominación de 'vaca loca'». Una de las vías comprobadas de contagio de la EEB es a través de la ingestión de alimentos con priones, proteínas alteradas que se metabolizan a partir de las harinas animales (de carne o hueso) elaboradas a partir de desechos de otros animales infectados. Los expertos señalaron que en el último año el SENASA efectuó más de 1.600 inspecciones en establecimientos de campo, sobre muestras de alimentos, para comprobar la existencia de harinas de carne y hueso. «Encontramos entre 4 y 5 por ciento de adulteración (en la harina) lo cual es un nivel bajo», aseguró Mascitelli. «Se trabaja con un grado de detalle y perfección como si se tratara de un país contaminado, por lo que podemos transmitir absoluta seguridad y afirmar que la situación es estable», concluyó.

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